domingo, 26 de abril de 2009

EL DESTINO, 1

Acaso nunca pensamos que estamos destinados para una persona desde el mismo día en que nacemos, acaso pensamos que esas cosas solo suceden en películas, acaso el amor no es mas que la suma de buenos momentos, o solo en la vida conocemos a alguien y nos casarnos para poder sobrellevarla mejor.

Yo era una de esas personas que realmente pensaba que tenia que conocer un hombre casarme, ser una buena ama de casa, tener hijos y entender todos sus actos inmaduros que él siempre cometía. Pero un día realmente descubrí que estaba muy equivocada y que todos esos años viví ciega, atrás de una realidad que solo me llevaba a ser una persona totalmente fría y sin corazón.

Mi nombre es Andrea, soy una mujer normal, realmente no soy de esas mujeres que llaman la atención por su belleza o vestimenta cuando entrar a un lugar. Estuve casada durante 15 años, me case muy joven, a los 16 años, recuerdo que en el civil mis padres tuvieron que autorizar mi casamiento ya que era menor de edad. Todo fue como un cuento de hadas, la iglesia, el vestido, la fiesta. Mis padres estaban muy contentos ya que me casaba virgen y con un muchacho que tenia una empresa muy importante, era el marido ideal. Pero solo había un pequeño detalle, el detalle era que yo no estaba realmente enamorada. Claro que no me case por obligación, solo que era muy inocente y me deje deslumbrar por mi marido, sus regalos, el futuro lindo que me dibujaba. Además ayudaba la insistencia de mis padres en casarme con él.

Mi vida después del casamiento se limito a quedarme en casa para poder cocinarle, tener todo acomodado para cuando él llegara, y cumplir el papel de esposa en las reuniones del trabajo de él. Yo solo era la sombra de él. Además siempre me dio mucha pena haber dejado la secundaria, ya que él siempre me dijo que no necesitaba estudiar ya que me iba a mantener económicamente toda mi vida. Yo no pensaba lo mismo ya que realmente me gustaba estudiar porque sentía que crecía como persona. Siempre extrañe a mis compañeras de la secundaria y nunca me olvide de Fernando. Él era un gran amigo lo conocía desde jardín, siempre fuimos compañeros, él me defendía y ayudaba en todo lo que podía él siempre estaba ahí cuando yo tenia algún problema o para compartir alguna alegría. Nunca entendí porque no vino a mi casamiento, ya que él era muy compañero y nunca me dejaba sola, pero el destino es así y un día entendí realmente lo que sucedía.

Resulta que hace un año cuando cumplía 15 años de casado con mi esposo, él decidió que lo festejemos pasando un fin de semana en una cabaña que alquilo en Bariloche muy cercana a unas pistas de sky . Era en invierno así que el lugar estaba lleno de nieve, era un lugar hermoso. Solo que él estaba de viaje por asuntos de negocios y yo tenia que viajar sola, nos íbamos a encontrar ahí un viernes. Yo llegue el jueves para estar un día mas, ese día fue un día de sol hermoso no nevó en todo el día yo llegue temprano y deje las cosas en la cabaña y salí a pasear. Era un lugar lleno de pequeñas cabañas donde había muchos esquiadores profesionales de todo el mundo.

Por la tarde fui a tomar un café a un bar al pie de la montaña donde terminaba la pista de esquí. Yo estaba muy feliz de estar ahí, sola y en un lugar tan distante de casa. Cuando estaba por marcharme del bar para ya irme a la cabaña, entra un grupito de esquiadores y los observe casualmente porque me llamaba la atención la ropa fluorescente de esquí que tenían puesta. Al mirarlos entre ellos me pareció reconocer una cara familiar, ellos se acercaban para sentarse a una mesa y yo seguía observando al muchacho que me resultaba conocido, hasta que él al darse cuenta que le observaba me miro a los ojos y ahí si, lo reconocí, no lo podía creer después de tantos años. Por la cara que él puso también me reconoció en el momento, dejo a un lado a sus amigos y se sentó frente a mí, se saco los guantes yo le tome las manos y solo le dije " hola Fernando ", él me seguía mirando a los ojos y solo me dijo con un tono muy suave " Hola Andrea". En ese momento mi corazón comenzó a latir con mucha fuerza y mis piernas temblaban sin entender porque. Él estaba igual con la misma carita de jovencito de siempre y con esa sonrisa tan dulce.

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