lunes, 22 de noviembre de 2010

ME PAGO POR DEJARME DAR

Me encontraba en este estado de semi inconsciencia, en mi cama cuando lo oí entrar. Ni despierta, ni dormida… pero percibiendo todos sus movimientos en la casa.

Encendió la luz del pasillo y por la rendija de la puerta, se iluminó mi suelueta, boca abajo en la cama, con tan sólo unas braguitas estilo culote y el sujetador, puesto que en esta casa en verano hace bastante calor.

Esta escena, junto que debía de estar con alguna cerveza de más, lo debió calentar aún más, porque se limitó a entrar en silencio en la habitación y a acariciarme a lo largo de una pierna hasta llegar a mi culo.

En ese momento, retiró la mano y sentí cómo sacaba su cartera y el móvil de los pantalones, dejándolos en la mesilla. Se quitó los calzoncillos y la camiseta y lo dejó caer todo al suelo.

Yo pensé “este es el momento en el que me despertará”

Y la verdad es que me apetecía que lo hiciera puesto que la noche era bastante pegajosa y a esas alturas todavía no había podido dejarme dormir. Al menos, cuando me dan polla por la noche consigo agotarme y dejarme dormir.

Sin embargo no me despertó como yo esperaba. Se dedicó a agarrar su enorme pene erecto y a masturbarse mientras me miraba. Incluso se puso de rodillas encima de mí, por el medio de sus piernas abiertas, estaban las mías semi cerradas. Yo oía ese ruido tan peculiar de cuando un hombre se toca de esa manera. Además, sentía su respiración, cada vez más agitada y acompañada de algún que otro gemido.

Yo seguía boca abajo haciéndome la dormida, aunque en verdad, ya mis hormonas empezaban a excitarse, cada vez sentía más calor de imaginar que un hombre se estaba masturbando de esa forma con tan sólo mirarme. Mi coño empezó a escucrrir líquido y fue en ese momento, en el que se dio cuenta de que no estaba dormida.

Me tocó el coño, con la intención de acariciarlo simplemente y se lo encontró totalmente encharcado.

- ¿estás despierta? - mmm – conseguí gemir. - mm?? y ese gemido qué quiere decir eh perrilla? no me lo puedo creer, yo intentando no despertarte y tu ahí con el coño lleno de agua… que pasa que no querías que te la metiera esta noche?

- Si, si quiero… hazlo porfa. - ¿y porqué no me lo decías eh? O acaso estabas teniendo fantasías con otro hombre eh? - no no, nada más lejos - anda que no, zorrilla, con la mente sucia y perversa que tienes… - que no, de verdad, te esperaba a ti

EStas palabras no le convencieron, se enfadó bastante y se limitó a arrancarme de cuajo esas bragas. De una forma algo brusca me las bajó y yo me limité a abrir algo más las piernas.

- encima se me abre de piernas la muy perra.

Yo esperaba a que me metiera los dedos o a que me estregara su pene para ir calentando aún más mi coño pero no tuvo tanta sensibilidad conmigo. Se había enfadado bastante. Con una mano me separó las nalgas y con la otra, cogió esa enorme tranca colocando el blande en la entrada de mi vagina. Afortunadamente, estaba ya lubricada con mis propios jugos, porque la embestida que me metió fue tan brutal que no pude sino emitir un enorme gemido mezcla de dolor y placer.

- AAAAHHHHHH AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

Empezó a follarme sin tapujos, una embestida tras otra, y yo cada vez levantaba más el culo para sentir cómo me llegaba esa pedazo de polla erecta hasta el final de coño. Hay un punto que incluso puede llegar a doler, pero cuando una está tan condenadamente cachonda de que se la folle un macho como este, se convierte en algo incomprensiblemente placentero.

Él no paraba de decirme obscenidades tipo: - te gusta eh putita? - si… me gusta… sigue por favor, sigue - joder, debería de estarte doliendo el coño con lo que te estoy dando, y tu sigues ahí pidiendo más como las perras de la calle… menuda zorra me vine yo a meter en casa… - ah ah ah sigue siiii ah ah ah

mis jadeos no cesaban, yo necesitaba más polla, y cada vez sacaba más y más jugos.

- sabes que te digo putita? que si tanta falta de rabo tienes esta noche debería de romperte ese culo rico que me estás poniendo.

Y les tengo que contar que en lo que se refiere a sexo anal, a mis casi 30 años, soy practicamente virgen, cosa que a Él le pone tremendamente cachondo. Aparte de las 3 ó 4 veces que lo habré hecho en toda mi vida, mi culo conserva esa especie de virginidad, me cuesta bastante dilatarlo y eso hace que cuando él me penetra, sienta milímetro a milímetro en su nabo cómo va entrando dentro de mí.

Reconozco que de todas las veces que me ha enculado, esta ha sido la que más me gustó y no sé qué es lo que tiene ese hombre que me pone tan condenadamente excitada.

Con tanto jugo que saqué de mi coño, me lo estregó por todo el ano, metiéndome sus dedos poco a poco, primero uno, luego otro… luego uno por cada agujerito a la vez.

Yo seguía gimiendo y eso le excitaba aún más. Me trataba como su puta particular, y seguía diciéndome obscenidades.

- te gusta puta? te gusta eh? esos gemidos no los dan sino las putitas sabes? tienes un agujero digno de reventar y de esta noche no te escapas…

- si por favor… házmelo… estoy realmente cachonda, sigue metiendome los dedos, sigue tocándome, poséeme, dame más porque estoy que estallo del calor - serás putita… pero tu te has oido hablar? joder cómo me estás poniendo la polla, por supuesto que te voy a dar lo tuyo

Nuevamente, puso su glande sobre mi culo e intentó hacer la primera penetrada, pero no lo consiguió.

- pero bueno puta, tu qué te crees que es esto? primero me invitas a pasar y luego te me cierras de esta manera?¿

- no no, vuelve a intentarlo, sigue tocándome, que yo quiero que entre - mentirosa, tienes el agujerito todo cerrado, no te dilata, qué pasa, que no te gusta lo que te estoy dando? - si si me gusta - calla puta mentirosa! – me decía mientras seguía introduciendo sus dedos en mi culo, dilatándolo aún más. - que no, de verdad, ves como te quiere dentro - no te creo perra! mira como el otro día te entraron todas esas pollas facilitas, te acuerdas? - si… ahhhh si…. ahhhh pero… pero es que eran otras pollas mas pequeñitas que la tuya - ah si? qué me estás diciendo? que tenía que haber traído a mis amigos a casa para que te abrieran bien el culo como el otro día? tanto te gustó perra? olvídate de pensar que cada vez que te quiera follar el culo tendrán que entrarte otros antes, este culo es mío, y tu eres MI puta, así que ya puedes irte dejando de follar por otros, que para algo te dejo quedarte conmigo hija de puta.

sus palabras me excitaban más y más… y yo le decía:

- yo sólo quiero que me lo hagas tu, no quiero a nadie más… me gusta tu polla, me gusta contigo, me gusta dejarme follar por ti, me gustan tus palabras sucias, me gusta que me digas qué tengo que hacerte para que te corras conmigo…

- ah si?? te gusta?? pues a qué esperas para abrirme ese culo eh? a qué? – volvió a ponerme el glande sobre mi coño pero a pesar d emi excitación, no conseguía entrar, la tiene exageradamente grande para mí. Se enfadó aún más de lo que ya estaba.

- mira puta perra, deja de mentirme de una vez ya! que tan cachonda no estás si no te dejas meter la polla de tu hombre dentro!. – me dio una enorme nalgada y me escupió en el ano. - ahhhh siii que bueno

mas nalgadas

me volvió a escupir

- esto es lo que te gusta? es esto? no… ya sé lo que te hace falta a ti.. el empujoncito final…

Estiró su brazo hasta la mesilla, cogió su cartera sacó un billete de 20 euros. Con su mano me agarró de los pelos, me tiró la cabeza hacia atrás y aprovechó que abrí la boca para soltar mi gemido de placer para meterme el billete dentro de la boca.

- así, ahora sí… como las putas de verdad, aquí tienes tu puto dinero por dejarte follar.

este gesto hizo que inmediatamente se me abriera el culo como el bebedero de un pato. Me puso la polla delante y dio esa enorme embestida, brutal, profunda, que me hizo gemir de placer, sacando el billete de mi boca.

- cómete el billete zorra, que es tuyo.

empezó a encularme salvajemente, yo estaba tan excitada por ese dinero que seguí poniendo el culo en pompa para que me lo reventara bien. El gemía, gritaba y me seguía diciendo guarradas

- así perra, déjate dar joder, pero qué rico culo tienes, te gusta eh¿ te gusta?

no me dejaba ni hablar

otro billete más de 20 euros en la boca.

cómete otro de estos más para que me dejes permiso para romperte el culo, te lo quiero destrozar. De aquí no paro hasta hacerte la sangres so puta.

yo gemía. Me estremecía. Me agarraba fuertemente a las sábanas.

Sus embestidas seguían y seguían… me agarraba del pelo, me obligaba a mantener el dinero en la boca. Estaba a punto de correrse.

- ahí te vas a llevar mi leche… joder mi putita cómo me tienes - y tu a mí cielo, sigue - te vas a dejar? no verdad?? Toma… toma puta, toma… toma otros 20 euros para que me dejes correrte el culo… AHHHHH AHHHH AHHHHHHHHHH

SE corrió todo… dejó caer su cuerpo sobre el mío y no me sacó la polla, aunque seguía haciendo presión, y mi coño se estregaba con las sábanas…

Y yo con el calentón que tenía, con el dinero en la boca y con una polla que seguía dándome por el culo, conseguí un extraordinario orgasmo contra las sábanas…

Sí… qué puta soy…

lunes, 8 de noviembre de 2010

VAMPIRAS





…y es como si hubieran pasado 200 años, realmente no se que pasó, solo sè que desde ese día ya no soy el mismo, mi ser se lleno de sombras, tristeza dudas e incertidumbre…
…el banjo que me regalaste es la prueba, hace un año que me lo diste y míralo, esta deshecho, apolillado, su maquinaria oxidada, no tiene lógica.




Solo recuerdo, que llegue a ese lugar y me aloje en el hotel, a la hora de la cena coincidí con un teniente del cuartel que estaba a las afueras del pueblo y al final de la cena hicimos buenas migas y me invito a tomar unos tragos en el cuartel, asi lo hicimos. Pasamos una buena velada bebiendo y yo tocando el banjo y terminamos a altas horas de la noche…
…me encamine de nuevo al pueblo, feliz, tranquilo, con la recomendación que no desviara el camino y no hiciera caso de nada que me llamara la atención en medio de la noche.
Al caminar un largo trecho, desconocí el camino, me desoriente y no hallaba el rumbo, había una luma llena hermosa, un poco de nubes que proyectaban sombras con figuras distorsionadas, mi sombra se alargaba con la luz de la luna y parecía un demonio emergiendo del mas allá…pero no sentí miedo, si me preocupe al no conocer el camino, más adelante en el horizonte se perfilaron unas tumbas, era un panteón, pero no recuerdo haber pasado por ahí, seguí caminando, y de pronto alcance a vislumbrar en una tumba, una dama recostada, con su cabello cubriéndole la cara, señorita, le puedo preguntar, ¿en que paraje nos encontramos? Ya que erre el camino y no sé cómo llegar al pueblo.
Ella apenas levanto la cabeza y con su brazo extendido me indico una dirección. Oiga, ¿pero que hace Ud. Aquí sola en medio de un panteón a estas horas de la noche? Apenas balbuceo una frases que no entendí, solo alcance a mirar sus ojos llenos de misticismo y una belleza extraordinaria cuando algunos rayos de luna se posaron en su lánguido rostro.. Me miro la mano y me pregunto de un anillo que llevaba puesto, ha es te anillo, es solo una baratija, no tiene valor. Si me lo das te llevo al Pueblo. Esta bien.
Se encamino y yo detrás de ella. Llevaba un vestido blanco de encaje hermoso, y unas sandalias blancas con hilo de oro igual hermosas. Sus pasos eran ligeros y ávidos y pronto ya había una distancia entre ella y yo…
Me apresure para alcanzarla al punto que llegábamos a un puente casi destruido, me indico que le diera el anillo y que yo atravesara el puente. Así lo hice y al atravesar el puente y mirar hacia atrás la mujer ya no estaba…bueno finalmente la mujer cumplió su promesa, alce los hombros y proseguí mi camino que ya había reconocido.
Al dar vuelta a la esquina camino al hotel, las casas se perfilaban en la semipenumbra por la sombra que provocan unas y otras. Decidí sacar mi banjo y entonar una melodía de amor, en tono bajo para no despertar a los vecinos.
De forma automática me detuve en una casona que llamo mi atención ya que se veía semiabandonada. Proseguí mi canción y de repente del balcón se asomo una mujer y se quedo escuchando mi canción, y me susurró, que le agradaba que me acordara de nuestra canción y que se la tocara al pie de su balcón. No hice aprecio del comentario ya que estaba inspirado tocando y cantando.
Me hizo señas de que entrara en la casa, me acerque a la puerta y esta se abrió, una ves dentro, estaba totalmente oscuro, solo sentí su presencia detrás mío y su mano palpando mi hombro. En ese momento sentí que corría un escalofrió por todo mi cuerpo…
Hizo que la siguiera, subimos una escalera, yo a tientas ya que desconocía en donde estaba. Llegamos a una habitación que se alumbraba por una chimenea y unos candelabros distribuidos por toda la habitación.
Pasa mi amor no seas cohibido, me dijo ella, en eso aprecie una belleza inusual, que me sedujo, me atrajo, me éxito, hizo que mi miembro palpitara y se pusiera erecto.
Pero no te quedes ahí parado, ven, siéntate a mi lado y sigue tocando y cantando nuestra hermosa canción. Para eso, en mis adentros pensaba, esta mujer esta loca, ya que en mi vida la he visto. Pero ya me había cautivado y decidí llegar hasta el final, solo pensaba en poseerla, hacerla mia, amarla, desnudar sus blancos hombros y contemplar su hermoso cuello, que de lado se antojaba dar una larga chupada.
En un momento en que atizaba el fuego, mire en 360º, y vi toda la habitación lujosamente decorada, con un estilo muy antiguo, pero de buen gusto, Los tapices se veían como de importación, cuadros muy finos, esculturas, maderas finas…
Amor, ven, y con su mano me indico una mesa totalmente llena de viandas sacadas como de una película para una velada romántica, había de todo, y lo necesario para una seducción total.
Sentía hambre, después de la caminata y accedí a tomar algunas viandas. Pero, y tu no vas a probar bocado? No, esta comida la he dispuesto solo para ti, solo quiero que pongas unas uvas en mi ombligo, en mis pechos, en mis partes intimas y que me hagas tuya…
Ya la pasión se había despertado y desesperado me abalance sobre de ella, al tocarla sentí el frio de la muerte, ella, estaba helada, y su piel era blanca como la nieve, poco a poco, se fueron sonrojando sus mejillas al calor de mis besos y caricias, que mis manos recorrían palmo a palmo cada centímetro de su desnudez. Coronado su pezón con una deliciosa fruta, la chupe y succione al grado de erectar el mismo y ella gemía de placer.
Ella me seguía mis intenciones y me besaba y chupaba el miembro, y me chupaba el cuello, y en cada chupada me sentía desfallecer de placer, y me sentía cada vez más débil pero lleno de pasión y lujuria.
Llene su ombligo de un delicioso vino y bebí de el cómo desesperado, y mi corazón más débil pero más excitado tratando de llegar al punto G de la gloria. Ella se incorporó, me levanto y tiro en el sillón, ella de espalda, abrió las piernas y se penetro…vi su larga espalda y como se perfilaba su columna vertebral, arriba y abajo, los impeles se hacían más frenéticos cada vez, saliendo gritos y gemidos de nuestras gargantas sin parar…no pares, no pares, sigue por favor sigue…sentía que ya no podía, que estaba a punto de desvanecerme, me sentía débil, pero ella de nuevo se acercaba a mi cuello y me besaba y me chupaba…
No se cuanto tiempo pasamos así, hasta que me desvanecí. Cuando abrí los ojos, me sentí todo adolorido y lo primero que busque fue a ella, pero ya no estaba. Yo estaba recostado en el mismo sillón, pero estaba todo viejo destruido, olía a humedad, las cortinas que vi en la noche hermosas, estaban roídas, el tapiz se caía a pedazos, el piso tenia tremendos hoyos que se veía el piso de abajo, y el banjo, que me regalaste, lo encontré así como lo ves ahora…es como si hubieran pasado 200 años…

lunes, 25 de octubre de 2010

EL ARQUITECTO Y LA SORPRESA



Claudia y yo siempre estamos echando cabeza a ver que mas se nos ocurre para ponerle picante a nuestra vida sexual.

Un dia se nos ocurrió llamar firmas de arquitectos para pedir una cotización de remodelación de nuestra casa. El plan era que Claudia lo recibía y luego le ofrecía un tinto y tanteaba el camino de la seducción, cuatro diferentes arquitectos fueron en diferentes días pero ninguno daba la talla del buen y difícil gusto de Claudia mi esposa.

Al quinto dia recibí un mensaje de texto en mi celular “Divino, buenísimo” me escribía Claudia, dos minutos después sonó mi celular. Amor como hago, no se que hacer es muy serio me dijo Claudia, siéntalo en la sala y le muestras cucos y le hablas de lo churro que es. Tengo pantalón me dijo y hoy preciso no me puse escote.

Mi ágil y perversa mente tuvo una idea, -habla pestes de mi le dije que llego tarde y cansado, que ya ni te miro, que la mayoría del tiempo estas sola y que solo tiramos muy de vez en cuando. Si quieres dile que la tengo chiquita agregue.

Colgamos y deje que pasara casi una hora, pues sabia que no iba a ser fácil, llame entonces y Claudia me contesto desde nuestro cuarto donde sabemos puede hablar tranquila, como vas le pregunte, iba bien me respondió, pero que pena he echado pestes de ti me dijo y se río, pero no vamos a poder hacer nada hoy me dijo imagínate que el socio de el viene para acá a ver la casa, -pues dale con ambos respondí.- No hay la menos posibilidad me respondió, estas loco.

Entonces quedamos que ella le diría que lo llamaría un dia para que fuera a visitarla. Pensé que todo había quedado ahí pero pasaban los minutos y Claudia no me llamaba, mas de media hora estoy seguro, entonces la llame. Me contesto y le pregunte que pasaba y me dijo que nada que los tres estaban charlando y riendo, que el tema era el sexo y que aunque el socio era un poco feito era muy divertido y picaron. Entonces? Me apure a preguntar. No creo amor me dijo, le conteste que iba a llamar al celular de ella y que no me colgara, que quería oír la conversación.

Así lo hice, eso era un relajo, no sabia cual era cual pero había uno echándole flores todo el tiempo a Claudia, de pronto oí que hablaban de una vez que mi esposa modelo unos Baby Dolls y le pedían que les dejara ver las fotos, ella dijo que no sabia donde estaba la revista, entonces uno de ellos pregunto si tenia Baby Dolls en la casa y ella dijo- toda una colección, cosa que es cierta. Vamos pruébate uno le dijeron, están locos contesto Claudia.

Ahí mismo tome el fijo y la llame, porfa ponte uno, mira que ya somos tres los que queremos, y cual me pongo respondió, el blanco que tiene una capa que solo tapa las tetas y el mini calzón compañero.

Yo seguía escuchando por el celular de Claudia a los dos que estaban en la sala y le fui contando a Claudia lo que hablaban de ella, los tenia a mil en pocas palabras.

Claudia decidió aceptar y oí cuando les grito desde arriba, -esta bien les voy a mostrar uno. Yo temblaba de nervios pero comencé a excitarme como loco. oí por el celular cuando Claudia bajo a la sala, eso era la locura, mil piropos y petición de media vuelta. Ese Baby Doll es un peligro pues con cualquier movimiento la capa se mueve y las tetas quedan al aire, supe que eso paso porque alguno le dijo que tetas tan divinas tienes, – me regalas un beso? Les puedo dar un besito? le pregunto alguien, yo también quiero dijo el otro, desde ahí solo fue ruido de besos, caricias, y precalentamiento. En un momento Claudia les propuso subir a la cama para estar mas comodos y se olvido del celular por el que yo estaba escuchando.

Como a la hora y media el teléfono de mi oficina sonó, Claudia me dijo vente ya que tengo mucho que contarte, naturalmente salí volado y Claudia me esperaba con el Baby Doll puesto.

Supe que fue algo extraordinario, que los dos se peleaban por metérsela, que se la mamaba a uno mientras el otro la penetraba y luego cambie de posiciones, que lo único que no paso fue por la cola que definitivamente no le gusta, le dolían mucho las piernas de todo el movimiento que había tenido que hacer encima de uno, en cuatro, que le habían besado la cuca y las tetas a la vez y que ni sabia cuantas veces había llegado, que las vergas sin ser muy grandes tenían un tamaño perfecto.

Hicimos el amor ella y yo mientras me narraba todo, luego en la caneca del baño vi cuatro condones usados….. Así que repitieron me dije.

viernes, 24 de septiembre de 2010

FANTASIAS SEXUALES DE GEORGINA



Soy una mujer de veintitrés años con muchas fantasias sexuales, lectora y estudiante de doctorado en una gran universidad canadiense. Y ya basta de vida real, ahora vamos al sexo y a las fantasias sexuales. Sólo he tenido cuatro compañeros, todos hombres mayores, muy tradicionales y convencionales.
La masturbación y el orgasmo son dos cosas que descubrí durante los últimos cinco meses, más o menos. Las fantasias que tengo cuando me masturbo varían constantemente. Tratan de simples encuentros con hombres que conozco y que me atraen, o bien de la dominación a manos de un hombre imaginario, o más a menudo, de una mujer. Voy a narrar una fantasía sexual completa, aunque sólo con imaginar alguna parte ya puedo correrme.

Fantasias sexuales

Una lesbiana varonil pero muy atractiva me ha convencido para que me vaya a su casa. De camino, nos detenemos en unos almacenes y me obliga a probarme ropas de su elección.
Ella me mira mientras me las pruebo. Me trae una delicada camisola beis y me dice que me la pruebe sin el sujetador.
Yo obedezco. Ella está detrás de mí, frente al espejo, y de pronto me pone una mano en el pecho y otra en el pubis y me besa en el cuello.
Luego me ordena que me ponga mi ropa sobre la camisola, me está obligando a robar.
Llegamos a su apartamento, en un rascacielos. Cogemos el ascensor (vive en uno de los pisos más altos), y cuando se cierran las puertas me mete la mano agresivamente bajo la falda y me agarra el coño obscenamente (en los almacenes me ha quitado las bragas) y me mete la lengua en la boca.
Su cuerpo me presiona contra la pared del ascensor. Yo protesto. «Chris, suelo llamarla Chris, todavía no, ¿Y si entra alguien?
Pensarán que eres una lesbiana, como yo. Todo el mundo sabe que lo soy.


Me arrastra a su apartamento, tirándome del brazo. Cuando entramos, me aplasta la cara contra la pared mientras se quita sus zapatos primero y luego me quita los míos.
Me empuja hacia el salón y allí me acaricia y me provoca antes de servirse un aperitivo. Luego se sienta en el sofa.
Quítate la ropa, me ordena. Yo estoy de pie delante de ella. Me quito la ropa hasta quedarme sólo con la erótica camisola. ¡Date la vuelta! Yo obedezco tímidamente. (Tengo un aspecto muy tímido y femenino, allí de pie, medio desnuda, con mi largo pelo rizado atado en la nuca.) Ella hace rudos comentarios de admiración sobre mi culo y mis piernas.
Ahora agáchate. Tócate los pies. Yo lo hago. Me siento muy humillada, muy vulnerable. Luego me dice que me dé la vuelta y que juguetee conmigo misma.
Yo suspiro hondamente, pero por fin obedezco, totalmente humillada. Ven aquí. Arrodíllate. Yo obedezco y ella me sonríe con perversión. ¿No sabes que no está bien tocarse así?, ¿no lo sabes?.
Me tumba sobre sus rodillas y empieza a darme azotes, al tiempo que me frota el clítoris con la otra mano. Yo estoy cada vez más cerca del orgasmo, y ella me insulta por eso.
Variaciones: aveces me ata las muñecas con la cinta que llevo en el pelo, y otras veces me obliga a beber de golpe su copa, y lame el licor derramado por mi cuello y barbilla.


Se cansa de pegarme antes de que yo me pueda correr, y me hace arrastrarme al dormitorio, donde me obliga a desnudarla como si yo fuera su esclava (desabrochándole el sujetador con los dientes, la lenceria sexy, etc.). Me pone un collar de perro y me ata las manos y los pies con unas correas que pueden atarse entre sí o a los cuatro postes de su gran cama.
Yo me arrodillo dócilmente a los pies de la cama, con las muñecas atadas al poste que hay detrás de mí, y ella está de pie ante mí, restregándome el coño por toda la cara. Luego me ordena chuparla. Y continuamente me amenaza con castigarme si no lo hago bien.
Yo lo hago lo mejor que puedo, y ella se corre dos o tres veces, empapándome la cara. Ya satisfecha, se arrodilla y lame sus propios jugos de mi cara. Me dice suavemente que, aunque he hecho lo que he podido, no ha sido bastante, y debe castigarme. Me abofetea, tengo la cara cubierta de saliva y jugos genitales, y luego vuelve a atarme las muñecas, una a cada barrote del pie del sofá, de modo que estoy de rodillas en el suelo con los brazos extendidos, de cara al sofa.
Pone un otomán de piel entre el sofa y yo, dejándome incómodamente estirada. Luego coge una porra dura de cuero, me frota la cara con ella, me obliga a besarla, me masturba un poco con ella y me obliga a lamer mis jugos. Yo acabo suplicándole que me pegue con ella, cosa que al fin hace.
Me obliga a pedírselo una y otra vez. Sus rudos comentarios humillantes me excitan muchísimo. Y la fuerza de sus golpes me hace pegar el coño al otomán. Yo intento frotarme furtivamente contra él. Ella lo advierte y me insulta cruelmente. ¡Coño asqueroso! ¡Te estás follando una puta silla! Puta calentorra. Ven, que te voy a ayudar a follarte a tu silla, dice.
Entonces tira la porra y me embiste el culo con el coño. Sigue con sus crudos comentarios y me pellizca los pezones, mientras me empuja contra el otomán. Venga, coño, a ver cómo te corres! ¡Quiero oír como te corres follándote a esa silla! Por su tono de voz sé que está también al borde del climax. Intento desafiarla y contenerme, pero es inútil. Me corro con grandes espasmos, y ella me pega el coño al culo, corriéndose conmigo. Me deja atada mientras descansa.
Generalmente, éste es el final de la fantasía sexual, pero a veces la continúo, para variarel relato erotico.
La imagino sentada sobre mi cara, yo estoy atada a la cama con los brazos y las piernas abiertos. O me arrastro delante de ella de rodillas y ella me conduce (con una correa atada al collar que llevo al cuello) ante unos ventanales. Luego vuelve a atarme a la cama y me hace llegar al borde del orgasmo usando varias formas de humillación, como su pie, su pezón, la porra, hasta que yo pierdo toda dignidad y le suplico que me deje correrme. Finalmente, se tumba sobre mí y hace que me corra con su muslo. Ella también se corre.
Observaciones: En esta fantasía sexual sólo se me permite correrme cuando hay desprecio o humillación, bien durante el castigo físico o después de haberlo suplicado. En la vida real no he hecho nada ni remotamente cercano a lo que ocurre en mi fantasía sexual. Nunca he intentado hacerla realidad; soy una persona bastante digna y orgullosa. Nunca me permitiría dejarme ir de esa manera, ¡y mucho menos con otra mujer!

domingo, 1 de agosto de 2010

DIOSA SEXUAL



Soy la Diosa sexual de una de las sociedades que adoran a la arcaica Diosa Madre en Anatolia en tiempos remotos. Y mi historia como mujer erotica empieza cuando me encarno en una hermosa doncella para asombro de mis ciudadanos. Aparezco en el templo dedicado a mi adoración, que alberga mi trono de mármol.
Erguida ante ellos hago una señal para imponer silencio. “He venido para conferiros los dones de mi sabiduría. Viviré entre vosotros como uno de vosotros, pero debéis respetar mi envoltorio carnal y protegerlo de todo daño. El primer don es la oportunidad de beber de mis aguas primigenias. Los hombres que necesiten un mayor entendimiento podrán beber de mi. Que cada cabeza de familia venga a mi llevando a su marido con ella”.

Lo que tengo es una droga de polvos mezclados en una crema. Sólo es efectivo si se traga. Y yo soy inmune. Se trata de un alucinógeno con el que apenas hay malos viajes. Es muy potente. Me he puesto esta crema en la vulva y he colocado la farra sobre el trono, fuera de la vista.


Las mujeres eroticas se acercan. El marido de la suma sacerdotisa es el primero. Es atractivo, así que lo utilizo en una demostración.
Lo llevo hasta el trono. Pongo las manos sobre sus hombros obligándolo a arrodillarse. Mi vestido tiene botones en la parte delantera, que desabrocho desde el estómago hasta abajo. Me coloca justo delante de él y sumerjo su cabeza con vehemencia en mi vulva. Me besa una vez y la droga se introduce en su boca. Inmediatamente siente placer y empieza a chupar con intensidad. La droga comienza a hacer efecto. Cuando está tan colgado que lo único que hace es balbucear sobre sus visiones, le ordeno a la suma sacerdotisa que lo guíe escaleras abajo desde el trono y lo bese. Ella obedece y la droga también se le mete en la boca. También ella inicia el viaje.

Todos miran asombrados, las mujeres empujan a sus maridos hacia delante para que compartan la revelación Me suplican que tome a sus maridos para que beban mis aguas primigenias. Arbitrariamente escojo a los más jóvenes y agraciados.
El segundo elegido es el joven marido de una vieja dirigente de Anatolia, la cual se siente muy honrada y se inclina al pie de las escaleras que conducen al trono haciéndome una reverencia. También su marido se inclina y cuando se lo pido, sube arrastrándose por los escalones. Yo le alabo por su humildad.
Cuando alcanza el último escalón me besa el pie. Luego se levanta hasta quedar arrodillado. No pierde tiempo y tan pronto como se incorpora, se dispone a compartir. Sumerge su lengua con ansia en mi interior, dando vueltas alrededor de cada raja, de cada valle y de cada bulto hinchado, Respiro hondo y echo la cabeza hacia atrás. Él resopla, gimo y gruñe al tiempo que chupa aún con mayor intensidad. La droga le hace efecto y la alucinación hace que me desee aun más.
Ahora las mujeres me piden con insistencia renovada que tome a sus maridos. Me unto los pechos y el yoni (palabra en indio arcaico que significa “vagina”). Luego ordeno a dos mujeres que están al fondo de la multitud que se acerquen.



Ellas y sus maridos se arrodillan al pie de las escaleras del trono y empiezan a subir arrastrándose. Todos me besan los pies en demanda de bendiciones. Arrodillados ante mi, esperan. Me doy cuenta de que las mujeres esperan poder lamerme personalmente, en lugar d hacerlo a través de sus maridos, Yo les sonrío .
Con el pie acaricio al taparrabos del más atractivo de los maridos, Él trata de inclinarse para besa el pie, pero no se lo permito. Sigo acariciándolo. No tarda en tener la polla erecta, mientras contempla cómo me mojo los labios seductoramente. El otro marido tiene una erección mientras me contempla acariciando al primer marido.
Me levanto y el más atractivo se inclina hacia mi yoni. Levanta los brazos y me acaricia las nalgas y los muslos mientras me lame. Con la mano tomo el mentón del otro y lo acerco a mi pecho. Le cojo la mano y deposito sus dedos en mi pezón. Él lo estimula con suaves toques. Luego empieza a chuparlo y con él, la droga. Su lengua es muy agradable, pero sólo tiene una, así que tomo el mentón de su mujer con la otra mano y guío su boca hacia el otro pecho. Le digo que ella y la otra esposa pueden turnarse para excitar ese pezón. Las dos se ponen a mordisquearlo. Son maravillosas.El primer marido se corre encima de mi pie. Me levanto y camino hacia el altar de sacrificios, donde me tumbo. Así le doy oportunidad al segundo marido para comerme y a su mujer, para tener un pecho para ella sola. Él empieza besando la parte interior de los muslos, y luego más arriba. La primera esposa me masturba el clítoris con los dedos mientras él me pasa los labios por los labios vulvares. Se detiene y me besa la mórbida y cálida carne con los labios. Con la lengua, retira toda la crema de mi interior, Mi espalda se arquea, introduciendo más aun las tetas en las atrayentes bocas de las esposas. Engullen mis tetas y endurecen mis pezones haciendo girar sus lenguas a su alrededor y tirando de ellos con los diente. El segundo marido se sube al altar y se quita el taparrabos, descubriendo una polla enorme, no circuncisa y reluciente. Cada una de las esposas me coge de una rodilla y me separan las piernas. Entonces el segundo marido me penetra. Tiene un ritmo lento, sacando la polla completamente y metiéndola hasta el fondo cada vez. Su mujer me frota el clítoris siguiendo su ritmo. Ambas esposas empiezan a lamerme lascivamente las tetas. Al llegar a este punto me corro frenética y escandalosamente dejando a mis ciudadanos excitados y enloquecidos pidiendo más

jueves, 29 de julio de 2010

CITA A CIEGAS



Salí de casa mirando el reloj. Inevitablemente llegaba tarde.
El frío viento de Febrero se colaba entre las rejillas de mis medias.
Volé hasta el lugar de mi cita, era un hotel. Estaba nerviosa y excitada; me preparaba, subiendo las escaleras, para lo que me esperaba tras la puerta de la habitación 3013.
Llamé tímidamente, golpeando la puerta con los nudillos. Y se abrió. No me recibió nadie, pero escuche su voz diciéndome: “pasa, pasa...”.
Entré y cerré la puerta. Todo el frío que contenía mi cuerpo se derritió cuando apareció ante mí el motivo de mi cita. Estaba guapísimo, y lo había preparado todo.
Una copa y un porro calentaron el ambiente mientras hablábamos y nuestras miradas se perseguían.
Encendió velas por toda la habitación que se reflejaban en las sábanas negras de raso sobre la cama. Sólo deseaba que me arrancara la ropa para fundirme con esas sábanas.
Subió la temperatura, mis ojos se clavaron en los suyos. ¡Jóder, nunca había deseado a nadie así!. La lujuria nos dejó en ropa interior.
Sus dedos rozaban mi piel, sus besos eran húmedos, instintivos... Después de juguetear con casi todas las zonas erógenas que poseo, sacó de un cajón un pañuelo negro. Sonrió maliciosamente. No podía permitirle que vendara mis ojos, si me tocaba más conseguiría que me corriera y aún no habíamos empezado.



Decidí tomar las riendas y le robé el pañuelo. Me acerqué despacio y le vendé los ojos.
Estábamos frente a frente, mis pezones rozaban su torso y entre mis piernas había explosiones de líquidos y calor, mucho calor.
Lamí su cuerpo, sus pezones, sus tatuajes, los mordí. Saboreé el placer de darle placer y chupé su polla hasta que el orgasmo estuvo cerca. Él tiraba de mi pelo, retorciéndose. Me llevó hacia él con sus manos, nos besamos y comenzó a bajarme las bragas, aunque me dejó el liguero y las medias.
Quería penetrarme, quería que me lo follara. Pero yo no.



Necesitaba sentir el calor de su boca entre mis piernas, así que me senté sobre ella. Sacó la lengua, ¡dios!.
Apenas empecé a moverme me corrí tan intensamente que me doblé de placer. Él empapó sus dedos en saliva y comenzó a jugar con mi culo; primero un dedo, luego dos. Mi orgasmo no cesaba, creí reventar de gusto.
- Ahora quiero follarte.- me dijo. Se quitó el pañuelo que tapaba sus ojos y me miró un instante eterno. En aquel momento mi cuerpo le amaba. Dejó que su deseo flotase hasta mí, me sedujo y luego me hizo suya. Me penetró por detrás, me la metía en el coño y en el culo alternativamente. En una embestida, retrocedió y salió de mí. Giré para ver que había ocurrido y me cogió en brazos, clavándome en la pared. Allí, con su cuerpo pegado al mío volví a correrme. Vi en su rostro, de nuevo, la llegada del placer supremo y me volvió a dejar sobre la cama, dónde le sentí tan dentro, tan duro, tan...que no quería que parase nunca. Gemía como una loca y le pedía que no parara por nada. Mis dedos se clavaron en su espalda y en su culo, apretándolo contra mí, dejando marcas del delirio. Un gemido delató que se estaba corriendo y sólo escucharle provocó el mismo estado en mí. Y allí nos quedamos, fundidos, extasiados, temblorosos, dibujados sobre las sábanas negras...entre sudor, pasión y placer.

Placeres Saavedra

jueves, 8 de julio de 2010



Me llamo Mary y por un impulsos sintiendo que no tenía nada que perder, le di mi fantasía sexual a leer al hombre de mis relatos eroticos.
Antes de dársela le expliqué que era sólo mi fantasía, y que esperaba que no se enfadaría ni se disgustaría conmigo después de leerla.
Con una amplia sonrisa en la cara de pervertido sexual me aseguró que no lo haría. Ni qué decir tiene que el resto del día y toda la noche estuve nerviosa y sobreexcitada sexualmente.

Imaginé su reacción ante mi fantasía y ante mí, y sus comentarios sobre lo descriptiva que era mi fantasía.
Cuando fui a recoger mi largo texto, estaba muy excitada sexualmente, me puse mi mejor lenceria y esperaba que él haría mi fantasía realidad. Pero guardó las formas y mantuvo el control, aunque se sentía muy halagado.
Yo abandoné su despacho sumida en la decepción. Le expliqué que, sabiendo que había leído mi fantasía erotica, me sentía menos obsesionada por querer hacer el amor con él.
Le dije que me sentía más relajada, ya que en mi mente había hecho el amor con él, de la única manera que él permitía.



Deseo sexual

Pero, ¡Dios mío!, todavía me consumo por él y mi deseo sexual cada vez que lo veo aumenta. He notado un cambio en su actitud hacia mí. Ahora es más reservado y no me ha vuelto a guiñar el ojo. Pero no voy a rendirme porque estoy segura de que, si espero, un día llegará el momento adecuado.
Tengo treinta y dos años, soy licenciada en la universidad y madre de un niño de nueve años. Hace once años que estoy casada.
Los últimos cinco años han sido muy felices y satisfactorios sexualmente. Nací en Georgia y cuando tenía diez años mis padres, mis dos hermanas y yo nos mudamos a Florida. Soy una buena chica muy sexy del viejo Sur, y aunque he perdido casi completamente mi acento sureño, todavía se nota, y se vuelve más pronunciado cuando me excito sexualmente.
Mis raíces, acento y lazos familiares sureños, creo, son los responsables de mi forma de ser. Por mi apariencia física soy lo que algunos hombres y mujeres describirían como «mona». Tengo los huesos muy pequeños, soy menuda y de cuerpo atlético. Mido 1 metro 52 centímetros y peso 44 kilos.
Soy morena, y mi piel es de un color caramelo bronceado.



Tengo los ojos castaños y el pelo corto y castaño con mechas doradas. Ser menuda de estatura nunca me ha ocasionado graves problemas psicológicos. Si algún efecto ha tenido, incluso en mi vida adulta, ha sido el de atraer sobre mí una atención positiva y favorable. Irónicamente, no soy el tipo de persona tímida, dependiente e insegura que uno atribuiría a alguien protegido por los demás. Soy muy sociable, con gran deseo sexual, hago amigos con facilidad y disfruto con la gente y trabajando de cara al público.

Al parecer, los hombres suelen interesarse por mí porque malinterpretan mi simpatía y creen que trato de tener contactos o «ligar» con ellos. Si me gusta una persona expreso mis sentimientos tocándola y abrazándola, porque me encanta el contacto corporal. Sin embargo, mis signos externos de afecto son normalmente asexuales.
Soy muy selectiva, y físicamente, sólo me he sentido atraída hacia cuatro o cinco hombres en mi vida adulta. Cuando los hombres, y también unas cuantas mujeres, malinterpretan mi afabilidad y se vuelven sexualmente agresivos hacia mí, siempre me sorprendo, y resulta embarazoso tratar de aclarar el malentendido. Me encanta la sensación de ser la «que controla» el deseo sexual en este tipo de situaciones. Todo ello me conduce a mi fantasía sexual más frecuente, mi preferida. La utilizo una y otra vez siempre que me masturbo con la mano (varias veces al día), o cuando uso mi teléfono de ducha y masaje. Todo lo que tengo que hacer es cerrar los ojos y concentrarme en el hombre de mis fantasías, e inmediatamente me excito y tengo que tocarme el coño ya húmedo.

El hombre de mi deseo sexual es una persona real con la que mantengo una amistosa relación de trabajo. Es unos años mayor que yo, un profesional de elevada estatura y algo barrigudo. No tiene nada de Romeo y no es ni ligón ni agresivo con las mujeres. No irradia atracción sexual, como algunos hombres, así que no todas las mujeres se sienten atraídas por él como si fuera un imán. Excepto yo. Desde que lo conocí me he sentido atraída por él tanto física como emocionalmente. A mí me resulta extremadamente sexy, con su encanto tímido y adolescente y sus grandes ojos castaños. Cuando me mira me hace sentir como si estuviera desnuda. Eso es todo lo que ha hecho: mirarme. Siempre he sido muy abierta y explícita en mis intentos por seducirlo, pero yo no le intereso lo más mínimo en lo que respecta al sexo. Le halagan mi interés y mi deseo por él, pero no le interesa tener una relación física conmigo. Su rechazo me incita aún más a tener relaciones sexuales con él, y estoy obsesionada por mi deseo.

Mis instintos de mujer me dicen que tengo un efecto positivo sobre él, que se siente atraído por mí, y que probablemente quiere follarme bien follada, aunque sólo sea para comprobar si soy tan buena amante como parezco.
Sólo tengo que verlo, sólo tiene que guiñarme un ojo al pasar junto a mí, para empezar a sentir un hormigueo en el coño y que las bragas se me empapen por completo. Nunca me ha hecho ni dicho nada, siempre procura no incitarme. Tener su polla dura dentro de mí, deseándome, sería lo máximo para mí. Pero, por mucho que lo intento, no puedo conseguir que ceda. Es demasiado fuerte para mí, y tiene un gran autocontrol. Así que me contengo cuando mi mente y mi cuerpo me piden que vaya y le meta mano en la entrepierna hasta que su polla esté dura como una roca y lista para estallarle en los pantalones.

Pero en mi deseo sexual soy yo la que tiene el control y le domina. Exploro cada centímetro de su cuerpo, y le hago todas las cosas placenteras imaginables. En mi fantasía sexual disfrutamos de horas del sexo puro, físico y salvaje que tanto deseo. En mi fantasía, el hombre está en mi casa, estamos solos, bebiendo vino y sosteniendo una conversación informal. Tenerlo todo para mí, sin interrupciones externas y tan cerca ha vuelto locas mis hormonas.
Él me habla de una antigua lesión y del dolor que le produce cuando se aviva. Me confía que la espalda le está doliendo en ese momento. Tras otro vaso de vino le convenzo de que me deje darle un masaje en la espalda y le prometo que no le atacaré sexualmente.

Él se muestra escéptico, duda, pero me sigue al cuarto de los invitados en el que tengo una cama con cuatro columnas. Él tira de su camisa y se la sube hasta la mitad del pecho. Sé que se siente nervioso por estar en mi casa, solo conmigo, y por el hecho de que pronto estaré tocando su cuerpo. Sé que se pregunta si podrá controlarse y mantener las emociones al margen.
Se tumba sobre su estómago, quejándose de que realmente no debería estar allí. Empiezo a masajear su espalda con mis fuertes manos untadas de loción, que se sienten seguras moviéndose arriba y abajo desde los omoplatos hasta los riñones. Siento que se relaja, sus músculos pierden la tensión, y los movimientos de mis manos firmes se vuelven deliberadamente lentos. Pronto noto que su respiración se hace más pesada, y sé que se ha quedado dormido, gracias al vino y a mi masaje reparador.

En silencio busco bajo la cama y saco cuatro largas bufandas que había escondido antes para utilizarlas en esta ocasión. Hábilmente, le ato las muñecas y los tobillos a las columnas de la cama, asegurándome de que las bufandas le permitirán levantarse y mover los miembros.
Me subo sobre su espalda y continúo el masaje, sabiendo muy bien lo enfadado que estará cuando se despierte, pero sin que me importe en realidad. Por supuesto, se despierta al sentir el peso de mi cuerpo sobre su espalda. Sigo con el masaje, oyéndolo reír (porque al principio le parece cómico), y luego quejándose de que le haya atado. Me dice que la broma se ha acabado y que haga el favor de desatarle, pero no está enfadado ni disgustado conmigo como yo creía. Lucha por liberar los brazos pero se da cuenta de que su empeño es fútil, pues lo he atado fuerte y diestramente. Le digo que no se resista, que me deje hacer lo que quiero hacer y le prometo que le desataré, pero tiene que ser un buen chico. Además, ya que está atado, le digo que es mejor que se relaje y disfrute de todas las cosas deliciosas que le voy a hacer. Le recuerdo que soy yo quien controla la situación ahora, y no él. Luego le quito los zapatos y los calcetines.

Empiezo a darle un masaje en el pie izquierdo, frotándole los dedos ligeramente, y rascándole alrededor del tobillo. Noto que se relaja un poco. Todavía no confía en mí. Acerco mi boca a sus pies y empiezo a lamer y chupar cada uno de sus dedos, moviendo la boca arriba y abajo, como si cada uno de sus dedos fuera un pequeño pene. Gime un poco y me pregunta por qué quiero hacer eso. Yo le contesto que adoro sus pies y que me excita mucho. «Oh Dios —me dice—, nunca nadie me había hecho esto antes; no puedo creer que sea tan agradable.» Estoy al menos diez minutos amando su pie y su tobillo, haciendo ruidos de chupeteo al subir la boca lentamente por su pierna, alzando la pernera del pantalón a medida que exploro. Sintiéndome más segura, y no oyendo ningún comentario negativo por su parte, busco debajo de él, le desato el cinturón y le desabrocho los pantalones. Estoy tan excitada ahora que las manos me tiemblan visiblemente, pero a pesar de lo grande que es, consigo bajarle los pantalones hasta los tobillos. Una vez más me siento sobre él y empiezo a acariciarle los ríñones y, con movimientos de mariposa, a masajearle las nalgas y los muslos. Empiezo a besarle la espalda junto al culo, lamiéndolo y mordisqueándolo al bajar hasta las nalgas y luego los muslos, que mantiene unidos con fuerza.
Le araño los muslos, rascándolos muy suavemente, y empiezo a mover la lengua por entre sus piernas que aún están firmemente unidas. Me doy cuenta de que abre las piernas un par de centímetros, y puedo meter mi lengua errante más profundamente. Lleva unos calzoncillos largos tipo boxeador que yo desabrocho y bajo muy lentamente. Él levanta las caderas para ayudarme. ¡Oh, Dios mío! Veo sus nalgas desnudas, magníficas, como mejillas rechonchas, por primera vez, y me excitan tanto que grito de placer sexual. Siento mis jugos fluir y resbalar por la entrepierna. Es una sensación pegajosa, pero me encanta. Me digo a mí misma que he de calmarme, que soy la que da placer, que, luego, si todo resulta como yo he imaginado, obtendré tanto como estoy dando.

Le cojo y aprieto las nalgas y entierro mi rostro en su culo, lamiéndolo y besándolo por todas partes. Cuando saco la lengua y le lamo la entrepierna, suavemente al principio, luego con más fuerza, empieza a gemir de placer y a menearse. Meto la lengua en su ano y luego voy bajando hasta los firmes testículos. Tomo cada testiculo en mi boca chupándolos con suavidad y lamiéndolos de arriba abajo con la lengua.

Está cubierto de mi saliva y yo la uso para masajear delicadamente la zona entre el ano y los testículos. Ahora, él está sobre las rodillas, tan excitado que mueve el cuerpo adelante y atrás. Como soy menuda consigo meterme debajo de él a pesar de estar aún atado. Empiezo a lamer sus tetillas, que ya están erectas, tirando levemente de ellas con los dientes. Él se echa sobre mí y puedo sentir su polla dura y completamente erecta oprimiéndome el estómago. Me pide que le desate las muñecas para poder tocar y acariciar mis tetas. Aún no me ha besado, pero nuestros rostros están tan cerca que me muero por saborearlo, chupar su lengua y, llegado el momento, paladear mis jugos en su boca. Me dice que le desate para poder tocarme el coño, para ver si estoy húmeda, si estoy preparada. Así que me ablando y le suelto, no sólo las muñecas, sino también los tobillos. Con las manos libres lo primero que hace es sacarme la fina camiseta por la cabeza y descubrir mis bronceados, plenos y erectos pechos y pezones. Jadea cuando se apodera de uno de mis pechos, abarcándolo con la mano y frotando la punta de mi pezón con el pulgar. Se lleva el pecho a la boca, chupándolo con tanta fuerza que casi grito de dolor. Me tira sobre la cama. Ahora está verdaderamente excitado, jadea, sus ojos están llenos de deseo por mí. Se desliza hacia abajo, baja la cremallera de mis pantalones cortos y tira de ellos, sacándomelos. Ahora sus manos me acarician el coño, suavemente al principio, con más fuerza después. Me dice lo mucho que le gusta la firmeza de mi cuerpo, tan atlético, y aun así femenino.

Muevo las caderas atrás y adelante, sintiendo su capullo sobre mi clítoris hinchado. Noto todo su cuerpo tenso y su corazón latiendo alocadamente a causa de su ansia por mí, pero no estoy preparada para él. Todavía soy la que da placer, y quiero chupar y saborear su polla antes de que derrame su semen dentro de mí. Me desliza hasta que mi coño está en contacto directo con su herramienta de amor hinchada y dispuesta.
Yo me escapo de su presa y muevo la cabeza hasta alcanzar su vientre. Empiezo a lamer y chupar alrededor de su ombligo, metiendo la lengua hasta dentro, escarbando en él, clavándola en él. Luego me pongo a besar su vello púbico, asegurándome de no tocarle la polla, que ha estado dura casi una hora y él empieza a estar impaciente. Sé que ya no puede aguantar más, así que le lamo rápidamente el capullo con la lengua. Él grita de placer, me agarra la cabeza con sus dos fuertes manos y la empuja sobre su pene dispuesto a correrse. Me gusta decir guarradas cuando follo, así que le digo lo mucho que me gusta su polla, lo bien que sabe y cuánto he esperado este día, este momento, durante tanto tiempo.

Siento su polla crecer aún más dentro de mi boca y sé que está a punto de derramar su leche espesa en mi garganta, mientras le como la polla. Cuando le llega el orgasmo se corre en espasmos que hacen estremecer todo su cuerpo. Me gusta el sabor de su semen, justo como había soñado que sería, y también el modo en que mana de él y chorrea por mi garganta. Cuando se ha calmado, lamo todo lo que aún rezuma, porque lo quiero todo.

Su respiración se tranquiliza y sus músculos se aflojan, todos excepto uno, su polla. Yo me tumbo sobre él, cubriéndolo con mi cuerpo, enterrando mi cabeza en su cuello y su hombro. Empiezo a chuparle la oreja con la lengua. Le digo lo mucho que lo deseo, cuánto ansio sentirlo dentro de mí, llenándome por completo. Cuando estoy mordiéndole y chupándole el cuello, toma mi rostro en sus manos con mucha suavidad y deposita su boca abierta sobre la mía. Su lengua recorre todo mi rostro, incluso mete la punta en mis ventanas nasales, y alrededor de los ojos. ¡Me encanta! En cada nervio de mi cara siento un hormigueo como si estuviera vivo. Mi coño empieza a palpitar y a contraerse. Estoy tan caliente que a duras penas puedo soportarlo. Él lo sabe porque no puedo dejar de mover las caderas. Rodeo sus caderas con mis firmes muslos y coloco el coño de manera que pueda penetrarme. Me acerco más y, con mayor determinación, empujo hasta que su polla me penetra. Cuando ya está dentro de mí, él empuja más fuerte para hacerme sentirlo todo. Mueve su polla dentro y fuera lentamente, atormentándome.

No puedo soportarlo, y le pido que me folle. «Por favor, cielo, follame con todas tus fuerzas; méteme esa polla dulce y dura hasta dentro, hasta el corazón.» Empieza a moverse con mayor rapidez, clavando su polla cada vez más profundamente. Me gusta tanto que levanto las rodillas hasta colocarlas sobre mis hombros. Estoy completamente abierta para su máquina folladora grande y dura, y nuestros cuerpos se mueven acompasados. El sonido de nuestros muslos chocando unos con otros y el contacto de sus testículos contra mí me vuelven loca. Cuando grito que me corro, introduce su polla con más rapidez y con más fuerza, más rápido y más profundo, y yo tengo mi primer orgasmo desgarrador. El sigue cabalgándome, buscando su segundo orgasmo. Yo no dejo de decirle lo buen follador que es, cuánto me gusta su verga dura, besándolo, lamiéndolo, amándolo. Lo tumbo sobre la espalda y me siento a horcajadas sobre él, manteniendo su polla a punto de reventar dentro de mí, no permitiendo que se salga.

Empiezo a «masturbar» su pene con mis músculos vaginales, apretándolo y dejando que se deslice dentro y fuera. Lo hago varias veces con mi coño abriéndose y cerrándose. A la tercera vez grita y tiene el segundo orgasmo. Siento su semen saliendo a chorro dentro de mí. Ahora estoy dispuesta a un segundo orgasmo, y empiezo a mover las caderas pero, al hacerlo, noto que su polla se ha salido. Me reclino para lamérsela y para lamer y saborear mis jugos vaginales. Estamos haciendo el 69, y siento su lengua sobre mi clítoris hinchado. Siento también su lengua introduciéndose en mí, penetrándome como un pequeño pene. Empieza a chupar y lamer mi coño, chupando su propio semen. Levanta mis piernas sobre sus hombros, enterrando su cabeza en mí. Me mordisquea, me muerde y me chupa hasta que grito que me voy a correr. ¡Oh, Dios mío, es tan placentero que no puedo aguantarlo! Me lame después de haberme corrido, y después yo lo abrazo. Yacemos el uno en brazos del otro, saboreando el momento, abrazados. Sabemos que esta tarde, por fantástica que haya sido, será la última juntos. Tendrá que vivir en nuestra memoria. No hablamos de ello, pero los dos lo sabemos.

Teníamos que estar juntos, experimentarnos mutuamente, para poder seguir viviendo. Al acompañarle hacia la puerta, se da la vuelta y me abraza. Me pregunta cómo aprendí a hacer eso con el coño, que ninguna otra mujer se lo había hecho antes, masturbarle el pene. Yo le sonrío y le digo: «Ya te había dicho que era buena, y después de haber estado una vez conmigo, me llevarás en la sangre.» Me guiña el ojo y mira en las profundidades de mis ojos. Yo siento esa palpitación y esa contracción familiares en mi coño que creía que iban a desaparecer después de esa tarde juntos.