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domingo, 19 de abril de 2009

UN EXCELENTE BESO




La imaginaba, la imaginaba y la volvía a imaginar sin cansarme.

Nos veía a las dos en su auto, estacionadas frente al paisaje de la ciudad. Todo de noche, tensamente tranquilo. A veces el silencio nos ganaba, ese motor que echa a andar la imaginación antes de actuar o decir algo, y su voz; ese acento ajeno grabado en mis oídos ahora estaba presente cuando se rompía la mudez. ¿Qué pasará por su cabeza cuando se calla? ¿cómo poder entrar en su mente y saber si le parezco bien o si algo le desagrada de mi?

Atrayente, respetuosa, encantadora y MUJER, es que nada de lo que tiene podría molestarme ahora. Que morbo su voz, su manera de pensar, sus manos, sus pies incluso en el conducir, su torso, ese que tiene lo suyo, a medio tapar, vestido, pero que puedo imaginar perfectamente. Su cuello seguramente tibio y con tímidas líneas de la vida mostrándose al mundo. Que ganas de acercar mi boca a esa parte, humedecer con un beso ligeramente su piel, sentir ese calorcito ajeno en mi boca, dejándose sentir. De ahí pasar a su mejilla, esa tibia y besada por todo el mundo, que sea solo mía en ese momento y demostrándoselo con un beso como se merece una fémina como ella.

Pasar a los contornos de su boca, lento, tan lento como un caracol dejando el rastro de su caminar. Eso es exactamente, la imaginación de mi caminar en su piel, en su vida, en su interés amoroso actual lo que me lleva a querer hacer todo mas rápido, pero no, es muy pronto y eso solo la forzaría al espanto, a irnos, a dejarme en una esquina y cada una a su casa, pero no puedo ni quiero evitar cerrar mis ojos, la veo en mi cabeza, mirándonos preliminarmente en un silencio nervioso. Yo le miro la boca sin disimulo, ahí es donde quiero estar. Acercarme lento, muy lento, mirarla hasta cuando tenga que cerrar los ojos para sentir ese roce labio a labio. La siento, sus labios nerviosos se tocan en los míos y se humedecen de manera leve. Besos cortos, muchos, incontables.

¿Qué sentirá esta mujer de tendencia dudosa? ¿cómo saber si le gusta? me habría quitado la boca si no sintiera nada ¿cómo obligarla a que le agrade esto? moriría por transmitir en ese beso la magia que me provoca ella. Ahora siento sus dientes. Empiezo a mover e introducir ligeramente la lengua ¿se estará enojando? ¿será capaz de aguantar tal acto de mi parte? hasta ahora no me esquiva. Rozo su lengua con la mía, es mojada, algo áspera, partida tibia y movediza. Muevo la mía hacia el lado contrario para que la de ella explore lo que quiera en mi boca, sin estorbarle en lo mas mínimo. ¿Se habrá dado cuenta de mi muela torcida? Debí hacer caso a más de alguien cuando me aconsejaron que me la arreglara, seria una pregunta menos ahora. Su humedad, con gusto y olor a café, ese que se tomó antes de encontrarse conmigo ¿lo habrá tomado para estar despierta? ¿tendrá sueño? ¿querrá irse? tanto pensamiento mientras dos bocas se juntan.

Escondo mi lengua, es suficiente, debo dejarla respirar. Ella entiende mi acto mudo y guarda también la suya. Sellamos todo con besos cortos.

Nada, nos sonreímos dudosamente. Ella con la misma duda mía ¿qué sintió la otra? ¿lo hice bien?. Luego el silencio prima otra vez después de un comentario torpe mío, que por cierto dije por nerviosismo y el que volveré a repetir ahora y siempre, porque lo haría mil veces... porque fue... un excelente beso.

martes, 7 de abril de 2009

ROCIO

Cual movimiento del tiempo
como simple ondular del viento
porque el andar y el vaivén
del rítmico acompasado andar,
de tus formas, y vienen
a la mirada llenar.

Cual caricia de mis labios
como néctar generoso
porque al beso derrocha
en cada palmo de piel plasmada
en cada aureola coronada.
Cual redondez del deseo
como tocar del tiempo
porque quema y erecta
el roce de la yema
al contacto con la sutileza
de tu forma llena.

Cual de tus formas perfectas
como lomas erectas
porque transmiten, conmocionan
dan vida y convulsionan
al ritmo cadencioso
del entrar y salir
del origen del placer y la vida.

Cual éxtasis vivido
como orgasmo deseado
porque tus senos provocan
miles de fantasías, en mis sueños formados
por una imagen no vivida
de un lugar no conocido
pero lleno de erotismo, pasión y osadía.

viernes, 20 de marzo de 2009

COMO SI FUERA AYER...



Autor: M. Sosa

Aún esta presente en mi mente como si fuera ayer aquella tarde lluviosa cuando sonó el teléfono de mi escritorio, contesté y escuché tu varonil voz:

-Necesito verte, por favor ven en cuanto salgas estoy trabajando solo en la oficina de la calle de Independencia, no sabes como ardo en deseos de verte de abrazarte de besarte...

Yo titubeé no supe que contestar, tu de nuevo insististe y entonces decidí que te iba a ver acabando el trabajo que tenía que hacer...

Apagué la computadora me temblaban las manos y estaba cayendo un torrencial que no me dejaba ver más allá.

Salí de la oficina y no llevaba paraguas así que me empapé toda pero aún asi la lluvia no calmaba mi saciedad que tenía de tí, de tus besos y de tus abrazos...

Llegué a la oficina, toqué el timbre y tu me abriste la puerta, me dijiste que estaba empapada pero no importaba aun así me besaste y cerraste la puerta de la entrada me seguiste besando me tomaste de la mano y subimos la escalera redonda y se veía através del vitral los rayos que caían...

Abriste la puerta del baño y estaba ahi un espejo grande con un marco plateado me pusiste frente a el y tu me abrazaste por detrás y empezaste a acariciarme y a besarme, tus manos recorrían todas y cada una de las partes de mi húmedo cuerpo, entonces sentí como metías tu mano entre mis piernas hasta llegar a mi sexo caliente y lo acariciaste mientras yo todo lo veía através del espejo, me excitaba y sentía tu sexo erecto cada vez más y más.

Me besabas el cuello, acariciabas mis senos, me hacías gemir, hasta que decidiste tirarme al suelo bajaste mi ropa interior y me penetraste rápidamente y toda tu esencia se vertió dentro de mi...

Acabamos exhaustos, ya era tarde me vestí aún seguía lloviendo afuera me acompañaste a la puerta nos dimos un último beso y tomé el taxi que iba pasando en esos instantes...

jueves, 19 de marzo de 2009

DESPEDIDA



El asunto es que Alfredo y yo habíamos sido amantes por algo así como un año; compartimos buenos ratos, nos divertimos mucho sin preguntarnos que hacia cada uno las noches que no pasábamos juntos; sin expectativas más allá del desayuno. La mala noticia era que su jefe decidió mover el negocio y Alfredo se iba de la ciudad. La mudanza, coincidió con una de esas épocas en las que yo estaba de trabajo hasta los codos, así que a pesar de los muchos intentos había sido imposible conciliar una despedida como la que nuestra historia se merecía.

Despedidas hubo varias, todos lo íbamos a extrañar mucho (cada uno de diferente forma), así que se aprovechaba cada oportunidad para reunir a la banda, tomarnos unas cervezas, desearle buen viento al viajero y hacer planes para ir a visitarlo. Los amigos no se imaginaban que en cada reunión de esas, él y yo estábamos tratando de cuadrar una discreta evasión que nunca se pudo concretar. Yo casi me había resignado a dejar la cosa así y despedirme con un cándido abrazo en público, mientras me imaginaba sus manos recorriendo mi cuerpo.

Un jueves en la tarde, menos de 24 horas antes de que el camión que llevaría la mudanza de Alfredo saliera de la ciudad, resultó que yo tenia tres horas muertas en el trabajo mientras esperaba turno para usar un equipo. Tenia mil cosas que leer y un informe que escribir, pero decidí entra al msn.

-Hola tu? ¿todo listo para la mudanza?
-Casi, estoy respaldando algunos archivos? no puedo arriesgarme a que le pase algo al computador durante el viaje.
-Claro!! Entonces? estas en tu casa.
-Si, aquí en medio de cajas. Y tu? ¿Mucho trabajo?
-Si ya sabes, fin de año? pero tengo tres horas muertas.
-¿Te lanzas?
-Llego en 20 minutos.

Hubiera sido bueno ir primero a mi departamento, la falda de mezclilla y las sandalias estaban bien, pero hubiera preferido cambiar la playera demasiado ancha por una sin mangas un poco más sexy; pero no había tiempo. Así que de salida pasé por el baño, me compuse el pelo recogido en una cola de caballo y me subí al carro tratando de no imaginarme lo que iba a pasar, para no distraerme mientras manejaba. El trafico fue benévolo con migo aquella tarde así que en menos de 20 minutos estaba estacionando en frente del edificio.

El timbre de su departamento nunca funcionó, había que gritar a la ventana. Ese ritual a la llegada al departamento de Alfredo no me gustaba del todo; casi siempre me pasaba unos minutos allí esperando a que él oyera mis gritos por encima de la música y bajara a abrirme. En esta ocasión no tuve que esperar. Tan pronto pasé la puerta caí en sus brazos, sus manos recorrían mi espalda y el ??hola? se silenciaba en un beso profundo.
-Pensé que no te volvía a besar en esta ciudad.
-Yo también.

Subí las escaleras adelante de él, con sus manos apoyadas en mi cintura. Llegamos directo al estudio por que el PC había hecho un ruido que reclamaba la atención de Alfredo, pero también por que la habitación estaba cubierta por ropa, cajas y maletas a medio empacar. Mientras él puso un CD nuevo en el computador, yo ojeaba los libros empacados en una caja. Alfredo se acercó por la espalda y me besó en el cuello mientras por debajo de la playera sus manos llegaron a mis senos, la playera ancha tenia sus ventajas.

La luz de la tarde entraba por la ventana y mi cuerpo se encendía con el contacto de su cuerpo pegado a mi espalda y la caricia cada vez más fuerte de sus manos en mi pecho. La vista al parque era sensacional. Su boca rodeó mi cuello y se encontró con la mía, unidos en un beso que empezó muy suave pero se fue haciendo cada vez más intenso; me di la vuelta para quedar de frente a él y empecé a acariciar sus piernas y sus nalgas. La respiración se hacia agitada y el calor de la tarde, sumado a la intensidad del contacto de nuestros cuerpos, empezaba a hacer molesta la ropa.

Alfredo se quitó la camisa mientras yo me quitaba la playera; nuestras pieles se buscaron en un abrazo con caricias lentas en los brazos, la espalda, el cuello, las nalgas? ahora era mi falda y su pantalón los que sobraban así que nos deshicimos de ellos. Mis labios buscaron los suyos pero él me apartó con suavidad…..
-Nunca te había visto con luz de tarde, me gusta tu piel con esta luz.
Mientras miraba cada parte de mi cuerpo como si estuviera descubriendo algo nunca visto, se sentó en el sillón. Yo me acerqué a la ventana y con una mano empecé a acariciar mi seno por encima del sosten, mis pezones estaban muy sensibles y la caricia los hizo muy evidentes.

-Usa tu otra mano.

Obediente llevé la otra mano al seno libre pero él negó con la cabeza, lentamente, sin decir palabra. Así que llevé mi mano derecha al pubis sobre el panty de algodón blanco, usé dos dedos para recorrer mi vulva mientras mi cadera giraba lentamente para facilitar la caricia. El sol abrazaba mi cuerpo y yo disfrutaba por igual mis caricias y su mirada absorta en el suave contoneó de mi cuerpo. Yo mientras tanto, lo miraba con la boca entreabierta, su pene hinchado levantaba notoriamente el boxer y mantenía mi atención en su entrepierna.

Cuando empecé a sentir la humedad desbordante, Alfredo me hizo señas con una mano para que me acercara y se acomodó en el sillón. Me acerqué a él caminando lentamente, cuando estuve a su alcance rodeó mi cuerpo con sus brazos y soltó el broche del bracier en mi espalda. Lentamente bajó uno por uno los tirantes antes de descubrir mis pechos, los cuales cubrió inmediatamente con su mano y su boca. La punta de su lengua recorría lentamente el borde la aureloa, apretaba suavemente el pezón usando sus labios, o chupaba con desesperación como si de mi pecho emanara su fuerza. Sus piernas rodeaban mi cuerpo y yo podía acariciar sus muslos.

Separándome un poco me dejé escurrir hasta el piso, él se sentó en el borde del sillón para darme acceso a su pene delicioso todavía aprisionado en su ropa interior. Me las arreglé para quitar el boxer y dedicarme a besar y lamer su falo mientras con la mano acariciaba sus testículos. Recorrí el frenillo de abajo arriba con mi lengua mientras Alfredo hacia gestos de placer y ponía sus manos sobre mi cabeza para invitarme a darle una mamada. Me encantaba su pene, siempre ejerció unas especie de magnetismo sobre mi; tenerlo en mi boca, recorrerlo de arriba abajo apretando con mis labios, besar el glande, chuparlo, recorrerlo con las manos, sentirlo vibrar en mi garganta, encendía todo mi cuerpo de forma indescriptible.

Sus manos sobre mi cabeza dirigían el ritmo primero pausado y luego cada vez más intenso hasta que la tensión en su cuerpo le causó una especie de espasmos.
-¡Espera! Detente un poco! ? no quiero venirme todavía
Respiró profundamente y se acercó para besarme en los labios. Luego se estiró por encima del brazo del sillón para alcanzar un condón que esperaba en la biblioteca vacía. Rasgó el empaque y se lo puso mientras me besaba en los labios. Tomándome por los brazos me ayudó a ponerme de pie en frente de él. Bajó el panty colmado de humedad y me invito a sentarme sobre su pene más que erguido, mientras me penetraba. El ajuste era perfecto.

Después de todo lo que habíamos compartido los dos sabíamos muy bien lo que el otro necesitaba para llegar a la cima del placer. Sentada sobre sus piernas de frente al él, me moví en círculos con su penen bien adentro de mi. Mientras lo hacía sentía el estimulo sobre las paredes de mi vagina que empezó a contraerse rítmicamente. Le besé en los labios, las orejas, el cuello; le acaricié el la cabeza con mis dedos entre el cabello, mientras él recorría mi espalda con una mano y aprisionaba un pezón con los dedos de la otra mano.

Puso sus manos en mis nalgas, acarició, apretó y finalmente me ayudo a impulsarme para moverme de abajo hacia arriba para luego volver a bajar; recorriendo su pene a todo lo largo con los labios de mi vulva. En medio de jadeos y sin dejar de rotar mi cadera incliné mi cuerpo separándome de él mientras me sostenía de los brazos del sillón, la fricción se sentía más intensamente e hizo que aceleráramos el ritmo de los movimientos hasta que mis ojos se nublaron con miles de estrellas, todo mi cuerpo se sonrojó y mi vagina se inundó con mis líquidos.

Me detuve un poco para recuperar el aliento. El aprovechó al pausa para ponerme de pie (casi no me sostenía); se acomodó de nuevo en el borde del sillón y tomándome por la cadera me dio la vuelta y me jaló hasta que estuve de nuevo sentada sobre sus piernas esta vez con su pene en mi vagina penetrándome desde atrás. Empezó con movimientos lentos que se fueron haciendo cada vez más rápidos y apremiantes. Eso me enloquecía y él lo sabía; como sabía que si además de bombear en mi vagina, estimulaba mi clítoris con sus dedos yo iba a perder el control por completo en un paroxismo de jadeos y gritos.

Y perdí el control, dejándome llevar por el impulso de sus embestidas y los movimientos circulares de su dedo sobre mi clítoris hinchado. Mis jadeos se hacían cada vez mas fuertes, sentía gotas de sudor deslizarse por mi espalda y mi pecho; los músculos de mis piernas protestaban por lo exigente del movimiento en esa posición; pero yo no paraba de subir y bajar con euforia. Para mantener el ritmo, Alfredo puso sus manos en mi cintura al tiempo que yo continuaba la faena en mi clítoris. Con cada una de sus envestidas sentía el golpe de sus testículos y me iba acercando más y más a una gran explosión orgásmica.

Sentía cómo cada músculo de mi vagina apretaba su pene al compás de las penetraciones, sentía mi respiración cada vez más acelerada y la tensión en cada uno de los músculos de mis piernas.

-Te gusta nena?, dímelo!
-Me encanta, me encanta!!! Si! Sigue!, no te detengas!
-no me detengo, vente, disfrútame, me tienes todo para ti.
-si, si, sigue!, siiiii ahhhhh
-vamos nena vente, así!

Yo me sentía desfallecer pero el movimiento no cesaba, el placer llenaba todo mi cuerpo surgiendo desde la vagina colmada de líquido; las luces... había entrado en una sucesión de orgasmos que parecía interminable.

-Yo también me voy a venir
-si? vente ,vente, damelo!!
-ahhhh

Después del espasmo y las contracciones; el movimiento se fue apagando lentamente, estiró su mano para reclinar el sillón y yo caí estrepitosamente sobre él y allí me quedé.
No se cuanto tiempo pasó, debieron ser algunos minutos. No estaba dormida y creo que él tampoco, pero no estaba realmente despierta, sentía como si chorros de agua salieran de todo mi cuerpo, o pequeñas flores brotaran a través de los poros de mi piel. Estaba exhausta y feliz. Alfredo me acariciaba un brazo al tiempo que dormitaba.

Cuando recuperé la conciencia y mire el reloj me incorporé de un brinco, le di un beso en el pecho y me fui al baño. Tome una ducha larga dejando que el agua corriera por mi cuerpo cansado y renovado al tiempo. Cuando estaba por salir, Alfredo entró en la regadera y decidió enjabonarme de nuevo. Mientras yo me dejaba hacer, cubrió mi cuerpo con espuma y luego la fue quitando con sus manos y el agua corriente; después de un largo beso de despedida me autorizo a salir de la ducha para vestirme y correr de regreso al trabajo.

miércoles, 4 de marzo de 2009

LAURA, LA VENDEDORA DE SEGUROS



Primero me presentaré, como ya lo he mencionado me llamo Laura, tengo 32 años, vivo al norte de la ciudad de México, soy agente de seguros de una importante compañía transnacional desde hace 3 años, soy viuda desde hace 4, bueno ahora la parte física, soy morena clara, ojos grandes y cafés, cabello liso y castaño, tengo una linda boca, mis senos son más bien grandes (110 cm), soy delgada y con una cintura que muchos han calificado de excepcional, concluyendo con un par de grandes piernas.

Mi historia comienza un año después de que mi marido murió, el dinero se había agotado y yo tenía una gran casa y muchas responsabilidades de las que hacerme cargo, así que tuve que regresar al trabajo, que dicho sea de paso, habían transcurrido algunos años desde mi último empleo. Conseguí trabajo en una Aseguradora bastante grande, vendiendo seguros para el retiro, lo cual hago con mucho gusto ya que me ha comenzado a ir bien.

Pero mi pequeña gran aventura comenzó al conocer a Alfonso, el hijo de una de mis mejores amigas, que apenas había comenzado a trabajar en una importante empresa, así que viendo la nueva oportunidad no podía dejarla pasar, es joven, con una brillante carrera por delante, con buen sueldo, soltero, en excelente condición física, así que era mi elección obvia para venderle uno de mis mejores planes de seguro y por supuesto obtener una jugosa comisión por ello.

Entonces, insistí mucho para poder hablar con él y ofrecerle un excelente trato para la contratación de su seguro, pero el muchacho se hizo del rogar, tuve que insistir durante 3 o 4 semanas para poder concretar la cita, ya que según él, tenía muchas ocupaciones, en ese momento sólo pensé que era un muchacho arrogante y pedante, pero después de mi octava llamada, por fin me dijo que podría platicar conmigo el siguiente sábado, y así fue, me preparé con mis mejores galas, un bonito saco azul, debajo de éste una blusa blanca que apenas dejaba entrever mi diminuto sostén blanco, una falda azul arriba de las rodillas, mi tanga azul de la suerte ( la que siempre uso cuando quiero concretar una venta) y unos zapatos igualmente azules que combinaban con mi atuendo.

En cuanto llegué a su departamento ya me estaba esperando Alfonso; él es un precioso hombre de 24 años, blanco, ojos verdes, 1.82 mts de estatura, un bien formado y fuerte cuerpo producto de sus años en el gimnasio, (esto lo se porque me lo contó durante su entrevista), estaba vestido con un short del tipo que usan los jugadores de basquetbol y una playera sin mangas que dejaba ver sus fuertes brazos, (fue en este momento cuando lo comencé a notar, ya que al principio pensaba que era muy chico para mi).

La entrevista comenzó y todo se desarrollo normalmente, hasta el momento en que pretendía cerrar el trato, todo estaba listo y le había dado una exposición magistral del plan de seguro, pero me dijo que debía consultarlo con la almohada y que tendría su respuesta en algún tiempo, así que más furiosa que contenta le dije con una gran sonrisa, “claro, es una decisión muy importante y tienes que pensarlo bien”, acto seguido me lo agradeció y me acompaño a mi auto para despedirme. Me sentía decepcionada y frustrada, pero ese mismo día tuve una segunda entrevista con una señora de edad avanzada que contrató un muy buen plan de seguro por el que obtuve una muy buena comisión, por lo que ya no le di tanta importancia a Alfonso.

Tras 3 semanas de espera, por fin recibí una llamada de aquel joven que me había dejado tan impresionada, era sábado y me dijo que estaba por la zona en la que yo vivo y que tenía algunas dudas adicionales sobre el plan que le había ofrecido y ese día tenía el tiempo suficiente para platicar sobre el tema, obviamente accedí a que me visitara en mi casa, pero al momento de colgar el teléfono entré en pánico ya que tenía puesto un pants y una playera horrible, dado que estaba realizando el aseo.

Me metí a bañar rápidamente, me cambié y me puse lo mejor que pude encontrar, una linda blusa color rosa y una falda mucho más corta que la que use la última vez, (esto es un truco recurrente en mi profesión), Finalmente después de 35 minutos, Alfonso llegó.

Lo invité a pasar inmediatamente y le ofrecí antes que nada algunas galletas con café para platicar, accedió gustoso y le pedí que tomara asiento en la sala mientras preparaba todo; no tardé mucho y en menos de 5 minutos tenía listo todo y le llevé el café con las galletas sobre una charola plateada, pero cometí un terrible error (claro, si hablamos del seguro, ya que en lo personal fue uno de mis mejores aciertos);

Cuando estaba a un par de metros de él, tropecé y derramé el café caliente sobre sus pantalones y camisa, la reacción fue inmediata, de un solo salto llegó a la mitad de la sale y se quitó la camisa; yo inmediatamente le ofrecí una disculpa y le dije que podía lavar su ropa y secarla en menos de 30 minutos, el accedió y le presté una bata que tenía, le dije que podía cambiarse en el cuarto contiguo, así lo hizo.

Un minuto después salió aquel hombre con la bata, que por cierto le quedó bastante chica, y me dio su ropa para ponerla a lavar.

Al regresar a la sala no pude dejar de notar su enorme equipo, que lucía ya un poco excitado por la situación, vaya si parecía grande, y si a mi hay algo que me pone a cien es un pene grande. Alfonso notó inmediatamente que no podía quitarle la vista de encima a aquel animal que tenía entre las piernas, así que decidió aprovechar la situación, súbitamente se puso de pie y me pidió un vaso de agua. Fui corriendo a la cocina y cuando regresé estaba ahí sentado con la bata entreabierta, cuando le dí el vaso de agua se pudo de pie, y mientras bebía la bata quedó totalmente abierta dejándome ver aquel hermoso cuerpo y una trusa negra con aquel miembro descomunal.

No puede contenerme y tome su pene con una de mis manos sobre la trusa, Alfonso respondió inmediatamente y se quitó de un solo movimiento la bata y me pidió que le quitara la trusa, accedí inmediatamente y me agaché para deslizar esa trusa por ese par de piernas que aunque estaban muy bien formadas, no eran nada en comparación del pedazo de carne que tenía frente a mí.

Casi como una reacción involuntaria, introduje su delicioso pene en mi boca, ya que como se los había comentado tengo una afición por los penes enormes, comencé a pasar ese pene por toda mi boca, yo gemía de placer, era justo lo que necesitaba en ese momento, ese enorme miembro que no podía soltar, mientras Alfonso solo me veía de pie, sonriendo maliciosamente cuando me dijo: “quiero que lo disfrutes, chúpamelo hasta que te canses”, esas palabras subieron aún más mi excitación y mientras ponía mis dos manos en su firme trasero, bajé mi boca para literalmente succionarle los testículos mientras su pene reposaba sobre mi rostro.

Así continué por otros quince minutos, disfrutando de aquel regalo que me había caído, sin decir una sola palabra, solo lamiendo y chupando si parar.

Cuando Alfonso se sintió ya más excitado, me ordenó que me pusiera de pie y me quitara toda la ropa, yo ya no era dueña de mi misma, en ese momento solo obedecía todas y cada una de las órdenes que Alfonso me daba; primero me pidió quitarme la blusa y la falda, dijo: “te quiero ver en ropa interior”, me pidió que pusiera música y bailara un poco para él, después me ordenó tajantemente: “quítate la tanga y el brassier”, yo lo hice inmediatamente dejándole ver todo mi cuerpo.

Alfonso me ordenó que me pusiera en posición de cuatro puntos, así lo hice inmediatamente, sometiéndome a todos los deseos de aquel chico que ya no tenía el menor respeto ni pudor, me penetró bruscamente y comenzó a hacerme el amor sin parar mientras con una de sus manos golpeaba mis nalgas y con la otra tomaba uno de mis senos.
Así continuo por algún tiempo, me hizo realizar 4 o 5 posiciones diferentes, pero cuando sentía que iba a llegar, saco su gran miembro y me ordenó abrir la boca, me dijo: “abre esa boquita que te voy a dar lo que más te gusta”, yo ya no podía esperar más, ya que me había venido 2 veces durante todo el acto y el simplemente no paraba, me metió su enorme verga casi hasta la garganta y ahí se vino, sentí un caliente y rico chorro que recorrió directamente mi garganta mientras Alfonso literalmente me cogía por la boca, sosteniendo mi nuca con ambas manos para que no pudiera hecharme para atrás (aunque yo no lo deseaba en lo más mínimo).

En cuanto término me pidió su ropa y se vistió inmediatamente, y me dijo que ya debía irse porque era muy tarde, pero que regresaría para terminar con nuestro asunto, y sin dejarme decir una sola palabra tomo sus cosas y se fue.

Este fue el inicio de uno de mis mejores clientes, ya que después regresó para cerrar el trato y traerme más amigos que “querían un seguro”

lunes, 2 de marzo de 2009

Tu fantasía relatada por mí…………….PRIMERA PARTE



Ayer en la tarde El me pidió que lo acompañara a la Universidad, tenía que realizar unos trámites en la rectoría, como yo no conocía el lugar, me dijo que terminando me llevaría a dar un recorrido, el se desocupó después de las 6:00, la noche empezaba a caer, y las luces en los jardines se empezaron a encender; me tomo de la mano y me fue explicando con esa voz que me encanta los distintos lugares por donde pasábamos, se empezaba a sentir ya el viento helado de la tarde y noto que yo tenía frío, por lo que me abrazó y continuamos caminando.

El parecía niño, contando anécdotas de su época de estudiante y a mi me fascina la forma que tiene de apasionarse en los temas que le gustan, llegamos a un jardín inmenso, todo a mi alrededor estaba verde, había árboles y setos altos, el lugar lucia vacío, por lo que me atreví y le pedí que me diera un beso, me abrazó y empezó a besarme en una forma lenta, tierna y al mismo tiempo me acariciaba con sus manos mi espalda y bajaba las manos para tocar mis nalgas y me apretó contra él.

Yo vestía a petición de él un pantalón negro y una blusa amarilla que a él le encantan así que los ánimos se encendieron y buscó entre el jardín el lugar más intimo y me condujo ahí, se quitó su chaqueta y la puso en el pasto y nos sentamos, continuamos besándonos y pronto la pasión se abrió paso, yo sentía la humedad entre mis piernas, sus manos en mis pechos, que metió a través de mi blusa y yo comencé a explorar su pecho, de vez en cuando la brisa helada llegaba hasta nosotros, pero era tanto el calor que desprendían nuestros cuerpos que era como la brisa del mar refrescante.

Me subió la blusa y me desabrocho el brasier, para tener acceso pleno a mis pechos y me empezó a besar, me dijo que le encantaban mis pezones, que se quería dar un festín y yo sólo arquee mi espalda para acercarlos a su boca ansiosa, yo sentía la humedad entre mis piernas, necesitaba sentir sus manos, y se lo dije, pero el me dijo que no me apresurara que teníamos tiempo y continuo yendo de un pecho al otro, besando, chupando, succionando, yo estaba a punto de tener un orgasmo y en mi delirio busque el cierre de su pantalón y lo abrí, busque entre su ropa y tome su pene con mi mano, el jadeo, le gustó la forma en que mi mano se cerró en su miembro y me dijo que le gustaba que lo acariciara justo ahí, me volví un poco más atrevida y poniendo mi mano en su pecho lo empuje para que se recostará y le dije que quería besarlo y le hice la pregunta que tanto le encanta “¿Te gustaría sentir mis labios rodeando tu pene?” y pronto me contestó que “siii”; así que me hinque a su lado y comencé a besar su pene, al momento de sentir mis labios rozándolo, emitió un suspiro que me llegó al corazón, y me dio la pauta para saber que era lo que le gustaba, los olores de nuestros cuerpos se confundían con el olor de la hierba de nuestro alrededor, la tarde cómplice de nuestro encuentro se oscureció un poco más para darnos la intimidad que necesitábamos.

Sólo nos llegaba el resplandor de las lámparas, por lo que me volví más atrevida y comencé a devorarlo con mi boca, el me pedía más, me decía lo mucho que le gustaba el sentir mis labios en su pene, y con mis uñas comencé a acariciarle entre las piernas mientras mi boca se daba un festín.

Pronto la urgencia dio paso y puso mi mano en mi cabeza y estableció su propio ritmo mi cabeza subía y bajaba, y sus caderas se levantaban, me dijo que quería vaciarse en mi boca, siempre tierno pensando en mi y yo accedí, quería demostrarle cuanto lo deseaba, cuanto lo amaba, y succione solo la punta de su pene y explotó en un orgasmo explosivo, nunca lo había oído gritar, pero fueron tan intensas sus emociones que no lo pudo ocultar, me recosté a su lado y comenzamos a besarnos.......................

jueves, 26 de febrero de 2009

AUREOLA

Cual movimiento del tiempo
como simple ondular del viento
porque el andar y el vaivén
del rítmico acompasado andar,
de tus formas, y vienen
a la mirada llenar.
Cual caricia de mis labios
como néctar generoso
porque al beso derrocha
en cada palmo de piel plasmada
en cada aureola coronada.
Cual redondez del deseo
como tocar del tiempo
porque quema y erecta
el roce de la yema
al contacto con la sutileza
de tu forma llena.
Cual de tus formas perfectas
como lomas erectas
porque transmiten, conmocionan
dan vida y convulsionan
al ritmo cadencioso
del entrar y salir
del origen del placer y la vida.
Cual éxtasis vivido
como orgasmo deseado
porque tus senos provocan
miles de fantasías, en mis sueños formados
por una imagen no vivida
de un lugar no conocido
pero lleno de erotismo, pasión y osadía.

viernes, 20 de febrero de 2009

ENCUENTRO



Primera Parte
Dice el dicho, “No hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no se llegue” y así fue, toda la mañana me había sentido nerviosa, ansiosa, debatiéndome entre lo que quería y lo que debía de hacer, a ratos la razón de mi situación actual me decía que no debería de ir a mi cita, pero mis deseos de estar con él eran más fuertes, la platica que tuvimos en el mensajero me ayudaba mucho a despejar las dudas que se iban acumulando en mi mente.
Se llego la hora de salir del trabajo, aun estaba muy nerviosa, además de que tenía un millón de cosas que hacer antes de irme, llegue a mi casa y comencé a prepara mi maleta y me fui a realizar las actividades que debía hacer antes de mi viaje.
Por fin me senté en el camión y pude tranquilizarme, poco a poco la calma llegó, y me dispuse a recordar en mi mente los detalles de las conversaciones que habíamos tenido desde la última vez que nos vimos, estaba ansiosa por probar en carne propia las fantasías que le había escrito y probar las cosas que el me decía que quería hacer conmigo. Quería disfrutar esas mismas emociones que me hacían vibrar a través de sus palabras, quería sentir en mi piel su tacto, el sabor de sus labios cuando me decía que quería comerme a besos, llenar mi interior con su sexo y tener los orgasmos que contenía cuando a través de nuestra charla me hacia ponerme en punto de ebullición.
Llegue a la central con tiempo de sobra, la calma ya había vuelto a mi, así que me dispuse a recoger mi equipaje y disfrute de un cigarrillo antes de entrar al baño a vestirme, el me había pedido que fuera vestida igual que en la cita anterior y yo quería complacerlo, así que con calma me vestí en la incomodidad del baño, cambiando desde mi ropa interior, ya que quería que el me viera guapa y me dispuse a maquíllame y péiname. Salí y me dispuse a esperarlo, todavía tenia tiempo y me fume otro cigarro, mis nervios comenzaban a alterarse y sin tener nada que hacer, solo mirar a la gente que estaba a mi alrededor las dudas querían volver a mi.
De pronto lo vi, y mi corazón dio un salto, pero como entró por otra puerta no pude alcanzarlo y lo perdí de vista, le mande un mensaje diciéndole el lugar exacto donde me encontraba y de pronto ya estábamos frente a frente, me abrazó y nos dimos un beso. Lo notaba nervioso al igual que yo, pero vi que su cara reflejaba gusto por verme.
Nos fuimos en taxi al hotel, y en el camino nos abrazamos y besamos, yo me sentía contenta, ansiosa por estar a solas con él, llegamos al hotel y nos registramos, cuando llegamos a la habitación deje mis cosas y mire el entorno eche un vistazo de reojo la cama donde estaríamos haciendo el amor. Me tomo en sus brazos y comenzamos a besarnos, acariciaba mis pechos, mis nalgas, y yo sentía crecer en mi interior una llama y la humedad entre mis piernas se hacia evidente. Pero el me había pedido que primero fuéramos a desayunar, yo realmente quería que no parara, que siguiera haciéndome el amor, pero tampoco quería mostrarme tan ansiosa, así que nos levantamos de la cama y nos fuimos a desayunar.

jueves, 19 de febrero de 2009

MANANTIAL



Eres manantial inagotable de placer
aguas cristalinas de las cuales me pude extasiar
explorando cada gota
sumergiéndome en lo profundo
descubriendo las ondulaciones
que produce el viento al soplar
explorando tu superficie
yendo por crestas y valles…

Caminaría lentamente por tus formas
y boceto en mi mente tu figura
palparía con mis dedos y manos
transformando cada sensación
en un movimiento perfecto
que me lleva a esculpir
cada parte, cada rincón…
hasta descubrir lo intimo
y lo prohibido…
lo plasmo en el centro de tu orgasmo…
y me quedo con tu feminidad…

Eres el éxtasis de lo sublime
eres la transformación de lo indescriptible
eres la sensación del gozo pleno
eres la lectura de la sensualidad…