miércoles, 4 de marzo de 2009

LAURA, LA VENDEDORA DE SEGUROS



Primero me presentaré, como ya lo he mencionado me llamo Laura, tengo 32 años, vivo al norte de la ciudad de México, soy agente de seguros de una importante compañía transnacional desde hace 3 años, soy viuda desde hace 4, bueno ahora la parte física, soy morena clara, ojos grandes y cafés, cabello liso y castaño, tengo una linda boca, mis senos son más bien grandes (110 cm), soy delgada y con una cintura que muchos han calificado de excepcional, concluyendo con un par de grandes piernas.

Mi historia comienza un año después de que mi marido murió, el dinero se había agotado y yo tenía una gran casa y muchas responsabilidades de las que hacerme cargo, así que tuve que regresar al trabajo, que dicho sea de paso, habían transcurrido algunos años desde mi último empleo. Conseguí trabajo en una Aseguradora bastante grande, vendiendo seguros para el retiro, lo cual hago con mucho gusto ya que me ha comenzado a ir bien.

Pero mi pequeña gran aventura comenzó al conocer a Alfonso, el hijo de una de mis mejores amigas, que apenas había comenzado a trabajar en una importante empresa, así que viendo la nueva oportunidad no podía dejarla pasar, es joven, con una brillante carrera por delante, con buen sueldo, soltero, en excelente condición física, así que era mi elección obvia para venderle uno de mis mejores planes de seguro y por supuesto obtener una jugosa comisión por ello.

Entonces, insistí mucho para poder hablar con él y ofrecerle un excelente trato para la contratación de su seguro, pero el muchacho se hizo del rogar, tuve que insistir durante 3 o 4 semanas para poder concretar la cita, ya que según él, tenía muchas ocupaciones, en ese momento sólo pensé que era un muchacho arrogante y pedante, pero después de mi octava llamada, por fin me dijo que podría platicar conmigo el siguiente sábado, y así fue, me preparé con mis mejores galas, un bonito saco azul, debajo de éste una blusa blanca que apenas dejaba entrever mi diminuto sostén blanco, una falda azul arriba de las rodillas, mi tanga azul de la suerte ( la que siempre uso cuando quiero concretar una venta) y unos zapatos igualmente azules que combinaban con mi atuendo.

En cuanto llegué a su departamento ya me estaba esperando Alfonso; él es un precioso hombre de 24 años, blanco, ojos verdes, 1.82 mts de estatura, un bien formado y fuerte cuerpo producto de sus años en el gimnasio, (esto lo se porque me lo contó durante su entrevista), estaba vestido con un short del tipo que usan los jugadores de basquetbol y una playera sin mangas que dejaba ver sus fuertes brazos, (fue en este momento cuando lo comencé a notar, ya que al principio pensaba que era muy chico para mi).

La entrevista comenzó y todo se desarrollo normalmente, hasta el momento en que pretendía cerrar el trato, todo estaba listo y le había dado una exposición magistral del plan de seguro, pero me dijo que debía consultarlo con la almohada y que tendría su respuesta en algún tiempo, así que más furiosa que contenta le dije con una gran sonrisa, “claro, es una decisión muy importante y tienes que pensarlo bien”, acto seguido me lo agradeció y me acompaño a mi auto para despedirme. Me sentía decepcionada y frustrada, pero ese mismo día tuve una segunda entrevista con una señora de edad avanzada que contrató un muy buen plan de seguro por el que obtuve una muy buena comisión, por lo que ya no le di tanta importancia a Alfonso.

Tras 3 semanas de espera, por fin recibí una llamada de aquel joven que me había dejado tan impresionada, era sábado y me dijo que estaba por la zona en la que yo vivo y que tenía algunas dudas adicionales sobre el plan que le había ofrecido y ese día tenía el tiempo suficiente para platicar sobre el tema, obviamente accedí a que me visitara en mi casa, pero al momento de colgar el teléfono entré en pánico ya que tenía puesto un pants y una playera horrible, dado que estaba realizando el aseo.

Me metí a bañar rápidamente, me cambié y me puse lo mejor que pude encontrar, una linda blusa color rosa y una falda mucho más corta que la que use la última vez, (esto es un truco recurrente en mi profesión), Finalmente después de 35 minutos, Alfonso llegó.

Lo invité a pasar inmediatamente y le ofrecí antes que nada algunas galletas con café para platicar, accedió gustoso y le pedí que tomara asiento en la sala mientras preparaba todo; no tardé mucho y en menos de 5 minutos tenía listo todo y le llevé el café con las galletas sobre una charola plateada, pero cometí un terrible error (claro, si hablamos del seguro, ya que en lo personal fue uno de mis mejores aciertos);

Cuando estaba a un par de metros de él, tropecé y derramé el café caliente sobre sus pantalones y camisa, la reacción fue inmediata, de un solo salto llegó a la mitad de la sale y se quitó la camisa; yo inmediatamente le ofrecí una disculpa y le dije que podía lavar su ropa y secarla en menos de 30 minutos, el accedió y le presté una bata que tenía, le dije que podía cambiarse en el cuarto contiguo, así lo hizo.

Un minuto después salió aquel hombre con la bata, que por cierto le quedó bastante chica, y me dio su ropa para ponerla a lavar.

Al regresar a la sala no pude dejar de notar su enorme equipo, que lucía ya un poco excitado por la situación, vaya si parecía grande, y si a mi hay algo que me pone a cien es un pene grande. Alfonso notó inmediatamente que no podía quitarle la vista de encima a aquel animal que tenía entre las piernas, así que decidió aprovechar la situación, súbitamente se puso de pie y me pidió un vaso de agua. Fui corriendo a la cocina y cuando regresé estaba ahí sentado con la bata entreabierta, cuando le dí el vaso de agua se pudo de pie, y mientras bebía la bata quedó totalmente abierta dejándome ver aquel hermoso cuerpo y una trusa negra con aquel miembro descomunal.

No puede contenerme y tome su pene con una de mis manos sobre la trusa, Alfonso respondió inmediatamente y se quitó de un solo movimiento la bata y me pidió que le quitara la trusa, accedí inmediatamente y me agaché para deslizar esa trusa por ese par de piernas que aunque estaban muy bien formadas, no eran nada en comparación del pedazo de carne que tenía frente a mí.

Casi como una reacción involuntaria, introduje su delicioso pene en mi boca, ya que como se los había comentado tengo una afición por los penes enormes, comencé a pasar ese pene por toda mi boca, yo gemía de placer, era justo lo que necesitaba en ese momento, ese enorme miembro que no podía soltar, mientras Alfonso solo me veía de pie, sonriendo maliciosamente cuando me dijo: “quiero que lo disfrutes, chúpamelo hasta que te canses”, esas palabras subieron aún más mi excitación y mientras ponía mis dos manos en su firme trasero, bajé mi boca para literalmente succionarle los testículos mientras su pene reposaba sobre mi rostro.

Así continué por otros quince minutos, disfrutando de aquel regalo que me había caído, sin decir una sola palabra, solo lamiendo y chupando si parar.

Cuando Alfonso se sintió ya más excitado, me ordenó que me pusiera de pie y me quitara toda la ropa, yo ya no era dueña de mi misma, en ese momento solo obedecía todas y cada una de las órdenes que Alfonso me daba; primero me pidió quitarme la blusa y la falda, dijo: “te quiero ver en ropa interior”, me pidió que pusiera música y bailara un poco para él, después me ordenó tajantemente: “quítate la tanga y el brassier”, yo lo hice inmediatamente dejándole ver todo mi cuerpo.

Alfonso me ordenó que me pusiera en posición de cuatro puntos, así lo hice inmediatamente, sometiéndome a todos los deseos de aquel chico que ya no tenía el menor respeto ni pudor, me penetró bruscamente y comenzó a hacerme el amor sin parar mientras con una de sus manos golpeaba mis nalgas y con la otra tomaba uno de mis senos.
Así continuo por algún tiempo, me hizo realizar 4 o 5 posiciones diferentes, pero cuando sentía que iba a llegar, saco su gran miembro y me ordenó abrir la boca, me dijo: “abre esa boquita que te voy a dar lo que más te gusta”, yo ya no podía esperar más, ya que me había venido 2 veces durante todo el acto y el simplemente no paraba, me metió su enorme verga casi hasta la garganta y ahí se vino, sentí un caliente y rico chorro que recorrió directamente mi garganta mientras Alfonso literalmente me cogía por la boca, sosteniendo mi nuca con ambas manos para que no pudiera hecharme para atrás (aunque yo no lo deseaba en lo más mínimo).

En cuanto término me pidió su ropa y se vistió inmediatamente, y me dijo que ya debía irse porque era muy tarde, pero que regresaría para terminar con nuestro asunto, y sin dejarme decir una sola palabra tomo sus cosas y se fue.

Este fue el inicio de uno de mis mejores clientes, ya que después regresó para cerrar el trato y traerme más amigos que “querían un seguro”

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